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    Un invierno en la playa
    Críticas
    2,0
    Pasable
    Un invierno en la playa

    Cine familiar (y literario)

    por Quim Casas
    Comedia dramática entre indie y mainstream, que son dos conceptos antaño bien alejados que en los últimos años se han acercado más que peligrosamente, "Un invierno en la playa" tiene mucho de hollywoodiense en cuanto a reparto y tratamiento argumental, y algo de independiente por financiación y un cierto intento de estilo airado, anti-convencional, aunque el filme no deja de caer en todas las convenciones posibles.

    Es un nuevo retrato de familia desestructurada, aunque pintada con una paleta de colores tan suaves que a veces resultan empalagosos. El padre es un reputado novelista que no ha escrito nada desde que lo abandonara su esposa. Esta vive con un tipo completamente distinto y que no le cuadra en absoluto, pero se supone que tiene buen sexo (parece su único atributo, o el único que el director nos quiere mostrar). La hija mayor, que no se habla con la madre desde el divorcio, empieza a triunfar también como novelista y no quiere relaciones estables; lo suyo son encuentros sexuales de una sola noche. Y el hijo, aún en edad adolescente y en el instituto, es introvertido, sí que desea una relación más o menos duradera –lo que pasa es que se enamora de la chica inadecuada: es adicta a las drogas, ¡ay!– y escribe cuentos.

    La realidad es que todos están un poco zumbados, pero el debutante Josh Boone ha decidido tratar sus locuras, obsesiones, frustraciones, anhelos y derivas varias más en clave cómica o distendida que con un toque de severidad. Así, el padre resulta divertido –más o menos– porque aún se dedica a espiar la casa de su ex y su actual pareja, y básicamente porque Greg Kinnear sabe hacer cercanos personajes tan lejanos. De la madre hay poco rastro hasta la parte final del filme, pero que la actriz que la interpreta, Jennifer Connelly, y la actriz que incorpora a su hija, Lily Collins –si, si, hija de Phil Collins– se parezcan como dos gotas aguas resulta, al menos, una buena elección de casting que refuerza el parentesco en la ficción con mayor naturalidad de lo acostumbrado.

    Hay un guiño a Stephen King que tiene cierta gracia y además no se aparta demasiado de la realidad del novelista. Y algún gag bien llevado, y disquisiciones no exentas de interés sobre el arte de escribir ficción o de recoger en un diario las vivencias más íntimas. Podría haber dado más de sí, pero tampoco es la película domesticada al uso que brinda Hollywood semana sí, semana también.


    A favor: la forma en que los actores no se toman tan en serio sus personajes.
    En contra: el tono domesticado, más mainstream que verdaderamente dramático pese a lo que cuenta el filme.

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