Mi SensaCine
Kingsman: El círculo de oro
Cartelera y Entradas
Tráilers y Vídeos
Reparto
Críticas de usuarios
Críticas de Medios
Crítica de SensaCine
Fotos
Banda sonora
Anécdotas
Taquilla
Películas recomendadas
Noticias
Críticas
4,0
Muy buena
Kingsman: El círculo de oro

Espías sin fronteras

por

En un universo cinematográfico en el que casi todas las películas llevan números o dos puntos detrás del título, sorprende que Matthew Vaughn no hubiera hecho todavía una secuela. X-Men: Primera generación (2011) más que un reinicio era una interpretación libre del supergrupo mutante, se bajó de la producción cuando llegó el momento de cruzar en el tiempo a las dos Patrulla X en Días del futuro pasado (2014) y, tras haber dejado claro la dirección que quería tomar la franquicia, Kick Ass 2: Con un par (2013) se la subrogó a Jeff Wadlow. 

Kingsman: El círculo de oro

De esto se desprende que algo muy especial debía tener pensado para continuar Kingsman: Servicio secreto (2015) para que esta vez sí quisiera continuar una historia. Presentados ya los personajes, la organización y, sobre todo, el estilo, protagonista auténtico de aquella película, parecía inevitable que quisiera apoyarse en esos cimientos tan sólidamente construidos. Algo similar a lo que empujó a su antiguo asociado Guy Ritchie a hacer la misma película de macarras ingleses varias veces o a dirigir dos películas de su Sherlock Holmes back-to-back. El mismo impulso que sigue haciendo que nos engañemos anhelando que las nuevas misiones de Daniel Craig molen tanto como Casino Royale

¿Una villana diferente y sin embargo canónica? ¿Un giro argumental de los que te sueltan la mandíbula? ¿La incorporación de nuevos personajes? ¿Felices e inesperados reencuentros? ¿La expansión del universo? ¿Nuevas escenas de acción que desafían todo lo visto hasta ahora? Todo eso lo tiene Kingsman: El círculo de oro, pero para un cineasta que entiende cada película como un desafío algo así no sería suficiente. Todo eso son sólo convenciones en el kit de montaje de las secuelas modernas.

Si Vaughn ha querido volver a la sastrería londinense donde sus agentes secretos se hacían trajes y arsenales a medida era para hacerla volar por los aires. Y con ella prácticamente todo lo que había construido con la primera entrega. Destruido el modelo que tomó del cómic de Mark Millar, ha construido con la guionista Jane Goldman otro distinto en el que los paralelismos con el precedente son más un divertimento gamberro que una repetición autoimpuesta. La aparición de los Statesman, los homólogos norteamericanos y destiladores de whisky de los Kingsman, da para unos cuantos chistes sobre británicos y yanquis dignos de Un pez llamado Wanda, pero lo que principalmente hace es internacionalizar una franquicia que se había caracterizado por su localismo. Que los mismos que exhibían y actualizaban su englishness salten el charco para celebrar con tanto entusiasmo la norteamericanidad profunda es una idea brillante. De un plumazo, Kingsman ha pasado de buscar La piedra filosofal a ganar El caliz de fuego.

Todo esto lo consigue Vaughn evitando recrearse en las autorreferencias –podría disfrutarse sin haber visto la anterior–, volviéndose más salvaje, acelerado, disfrutón e intrascendente, y no aferrándose a lo que antes funcionó. Ni siquiera atesora a los personajes como activos innegociables. Aquí todo está al servicio del espectáculo, y si Elton John tiene que pasar de hacer un cameo a ser fundamental en el plan de acción para detener a los malos, deja el piano sin problemas. 

Kingsman: El círculo de oro es tan excesiva en su metraje –2h y 21 minutos– como en su reparto, con tantas estrellas que algunas tienen serios problemas para conseguir cuota de pantalla, o en los descomunales planes de dominación mundial de la narco nostálgica que interpreta Julianne Moore. Sin embargo, siendo tan gigantesca nunca pierde la noción de su auténtica escala y dimensión. La de gamberrada, de película hecha para flipar con las cosas que Vaughn ha conseguido decir y hacer sin que nadie le haya parado los pies. Por ejemplo, pocos repararán en que es la primera película de la era Trump en la que un presidente es destituido. 

A favor: Mathhew Vaughn no cae en los vicios de la mayoría de secuelas: la autorreferencia, el oscurecimiento y el apego. Y por encima de todo, Elton John. 

En contra: A pesar de que dura 140 minutos, Matthew Vaughn no parece encontrar tiempo para repartirlo entre todos sus personajes.


¿Quieres leer más críticas?
  • Las últimas críticas de SensaCine
  • Las mejores películas según los usuarios
  • Las mejores películas según los medios

Comentarios

Mostrar comentarios
Back to Top