Interpreta a Chris Raven, un agente de policía acusado de asesinar a su esposa que tiene 90 minutos para demostrar su inocencia. Se estrena en cines el viernes 23 de enero
El detective Chris Raven se despierta esposado a una silla en una habitación absolutamente vacía. Está a punto de enfrentarse a un juicio exprés con una inteligencia artificial -al igual que muchos otros criminales que él mismo ha detenido- por el asesinato de su mujer. Ahora tiene 90 minutos por delante en los que deberá defenderse ante una jueza que, a priori, no siente emociones, solo se basa en las pruebas.
Raven puede acceder a cualquier cámara de seguridad, conversación telefónicas, perfil de redes sociales o contenido que le pueda ayudar a demostrar su inocencia, ya que toda la ciudad de Los Ángeles está conectada a la red, pero de momento es culpable y si en 90 minutos no prueba su inocencia será ejecutado en esa misma silla.
Esta es la premisa de Sin piedad, la nueva película de acción y suspense protagonizada por Chris Pratt que llega a los cines este viernes 23 de enero. "Presenta una forma de IA que no existe actualmente, la 'Inteligencia General'; es como un ser consciente, en cierto modo. Además, la delincuencia en Los Ángeles se ha disparado tanto que la sociedad ha justificado la implementación de un tribunal como este", declara Pratt en una entrevista con SensaCine, "no podría ser Los Ángeles de hoy en día porque no creo que sea creíble que la sociedad apruebe un juez, jurado y verdugo de IA".
Sin piedad se basa en un tema de rabiosa actualidad como es la IA y se imagina "¿qué pasaría si dentro de unos años, lo cual parece una eternidad, se implementara algo así?", apunta el actor.
Si nos adentramos en unos años —y, por cierto, creo que todos estamos de acuerdo en que tres años es un tiempo increíblemente largo ahora mismo, dada la rapidez con la que evolucionan el mundo y estas tecnologías—, puedo verlo. No es descabellado que la delincuencia violenta alcance su punto máximo histórico, que la IA desplace puestos de trabajo, que haya disturbios civiles y que el sistema legal intente contraatacar de alguna manera
La puesta en escena también avanza unos años en el futuro y plantea un juicio interactivo donde las imágenes digitales llenan una sala vacía salvo por la presencia de Chris Pratt en el medio. La acción es conducida por vídeos enviados por el móvil, posts en redes sociales y llamadas de teléfono. También por la cara en primer plano de Pratt y de Rebecca Ferguson, que interpreta a la jueza imparcial.
Nunca habíamos visto al actor de Guardianes de la Galaxia priorizar sus habilidades interpretativas por encima de su carisma tanto como en este proyecto. "Fue algo intimidante. Fue un verdadero desafío. Tenía muchas ganas de probar algo diferente y nuevo, y estar confinada a una silla y con movilidad limitada era algo que nunca había experimentado. Siempre me entusiasman los retos de ese tipo, pero siempre que lo hago, siento un poco de intimidación. Pero como les digo a mis hijos, no se puede ser valiente si no se tiene miedo", confiesa el actor.
Para sumar una capa de complejidad, durante la mayor parte del rodaje estaba solo, sin un compañero que le diera la réplica en sus escenas. "Rebecca y yo no estábamos en la misma habitación. Ella estaba en un estudio de sonido cercano, tan lejos que no podía oír su voz excepto por un auricular, y ella no podía oír la mía excepto por un auricular. Estaba aislada en una habitación pequeña, casi como si estuviera dentro de la computadora, hablando directamente a la cámara", comenta.
Era como '1984' de George Orwell. Yo estaba sentado frente a una cabeza parlante y oía su voz en mi oído
El set de rodaje era muy similar a lo que aparece en la cinta: con imágenes siendo proyectadas alrededor del protagonista, que estaba sentado en una silla física. "Por supuesto, hay una gran cantidad de efectos visuales posteriores añadidos. Debido al volumen, había algunas versiones de imágenes que pasaban por mi lado. Realmente me sentí como si estuviera en la sala del tribunal", recuerda el intérprete.
Y, quizás no sentía la tensión de demostrar su inocencia en 90 minutos, pero, con escenas que podían durar 50 minutos, sí tenía la presión de que todo saliera bien a la primera y no hacer perder el tiempo al equipo: "Para asegurarnos de que todo saliera perfecto —porque no se puede cortar y volver atrás—, tuvimos que ensayar toda la película varias veces. Así sabía dónde debía estar la vista y qué ritmo emocional intentaba alcanzar. Tenía pistas musicales que me ayudaban a recordar el tempo, porque teníamos que mantenerlo rápido y tenso. Es difícil hacerlo cuando estás sentado sin la ventaja de entrar y salir de la escena".