Phil Lord y Christopher Miller dirigen esta adaptación de la novela de Andy Weir con fidelidad y ritmo. Ryan Gosling hace un trabajo más que destacable. En cines el 27 de marzo
Ya sabéis que el diálogo digital últimamente está finísimo, hay mucha hostilidad en todas partes y parece que vamos a acabar todos metidos en un gran psiquiátrico por culpa de tanta presión en nuestros cerebros. Pero aquí no, a los que busquen hate los mandamos fuera porque aquí damos abrazos y amor. Y hoy el amor está más que justificado, porque ya os doy el titular sin esperar al minuto siete: Proyecto Salvación me ha flipado, me ha parecido buenísima.
Estamos ante una película tan bella y potente que nos devuelve a ese sci-fi de vieja escuela, apostando por unos efectos prácticos absolutamente maravillosos. Detrás de las cámaras están Phil Lord y Christopher Miller, de los que ya sabéis que soy fan absoluto por genialidades como La Lego Película o Lluvia de albóndigas. Acostumbrados a construir capas metacinematográficas alambicadas que parecen salidas de Paprika de Satoshi Kon, aquí Lord y Miller se han vuelto "hawksianos" y han tirado de pura profesión. Han decidido homogeneizar su estilo para ser muy respetuosos con el material original: la novela Project Hail Mary de Andy Weir -el mismo de El Marciano-. Para redondearlo, el guion corre a cargo de Drew Goddard, el "Goddard bueno", responsable de La cabaña en el bosque y Cloverfield.
El resultado es una space opera alucinante que arranca pareciendo Interstellar pero que luego toma una ruta totalmente distinta. No busca los complejos mecanismos temporales de Nolan ni la densidad de Solaris de Tarkovski, sino que apuesta por un espíritu profundamente lúdico y desprejuiciado. Para que os hagáis una idea, estamos hablando de un nivel digno de un muy buen Steven Spielberg o del Robert Zemeckis de Contact, acercándose a esa aventura ochentera tipo Exploradores pero con una carga emocional potentísima.
Ryan Gosling aguanta la película él solo
En el centro de todo este viaje para salvar a una Tierra cuyo sol se está muriendo, tenemos a un protagonista tan maravilloso como Ryan Gosling, aguantando la película prácticamente él solo con un carisma desorbitado. Y digo "prácticamente" porque la cinta acaba evolucionando hacia una buddy movie, una comedia de colegas entre Gosling y Rocky, un alienígena espectacular que al principio parece una "araña piedra" pero que se acaba convirtiendo en un adorable "gatete de piedra" que te lo comes.
A esta gran aventura espacial hay que sumarle una serie de flashbacks en la Tierra que nos explican el origen de la expedición. Ahí es donde entra un personaje maravilloso interpretado por la grandísima actriz europea Sandra Hüller, a quien es una delicia ver triunfando dentro de una producción norteamericana completamente mainstream.
Tiene un flow tremendo, no paran de pasar cosas y te atrapa por completo. En definitiva, es una película que te hace feliz y creo que va a gustar muchísimo.