Solo una película española ha sido censurada durante la democracia: pasó dos años secuestrada pero fue un éxito cuando se estrenó
Amante de las series y gran aficionada al terror, la ciencia ficción, la crónica negra y el ‘true crime’.

Pilar Miró levantó ampollas con su crudo relato de tortura, adaptación de un caso real de la crónica negra española

Durante los 40 años que duró la Dictadura en España, fueron muchas las películas -entre otras formas de expresión a través de la cultura- que se vieron afectadas por la censura. Por ejemplo la obra maestra de Luis Buñuel, Viridiana, tuvo que cambiar su final; o El verdugo, considerada como una de las mejores películas españolas de la historia, tuvo que sufrir diversas modificaciones para ajustarse a la censura franquista y ni siquiera eso pudo librarla de su rápida retirada de las carteleras de cine porque a las autoridades no les gustaba. La lista, desafortunadamente, es demasiado larga como para enumerar cada uno de los ejemplos.

La lista de películas censuradas en Democracia es mucho más corta. De hecho, se reduce a una única película, El crimen de Cuenca, que debió haber sido estrenada en 1979 pero no llegaría a los cines hasta 1981 porque diversos poderes del Estado consideraron que "podía ser delictiva contra el Cuerpo Judicial y la Guardia Civil".

Dirigida por una de las cineastas más célebres del cine español, Pilar Miró, El crimen de Cuenca llevó a la pantalla el crimen real conocido como el propio título de la película. Un conocido episodio de la crónica negra española que se remonta a 1910, cuando dos hombres inocentes fueron acusados y encarcelados por el asesinato de un tercero que en realidad había huido de su pueblo para iniciar una nueva vida en otro lugar. Antes de ser encarcelados, los acusados habían sido torturados de forma brutal hasta que habían confesado el crimen y llegaron a cumplir 12 años de condena hasta que un día apareció por sorpresa en el pueblo, vivito y coleando, el hombre al que supuestamente habían matado.

Qué fue de Gregorio Valero y León Sánchez y el resto de implicados en el caso de 'El crimen de Cuenca'

En su película, Pilar Miró realizó una fuerte crítica a la violencia y a la tortura, dejando claro que el crimen al que había referencia el título no se refería al que Gregorio y León nunca cometieron, sino al crimen que cometió la Guardia Civil y la justicia contra ellos. Y eso fue precisamente lo que provocó el secuestro del largometraje.

El estreno del filme fue prohibido durante dos años. Según recordaba la Academia de Cine en un artículo publicado por el 40 aniversario de la película, el productor de El crimen de Cuenca Alfredo Matas recibió una llamada del Ministerio de Cultura, para advertirle de que se suspendía la emisión de la licencia de exhibición. Hay que recordar que en 1979, con la transición en pleno proceso, seguían vigentes algunos trámites como el de dicha licencia, herencia del franquismo.

Luis Escobar de la Serna, director general de cinematografía, había dado traslado del asunto al Ministerio Fiscal por "estimar que la película podía contener escenas constitutivas de delito" y el subdirector general de Política Interior emitió un informe en el que calificada las escenas de tortura como "intolerables".

Así, por primera y única vez durante la democracia, se ordenaría "el secuestro de la referida cinta y de todas sus copias […], ya que tanto por el planteamiento, duración de las escenas de tortura, núcleo central de la película, así como la crudeza de las misma, unido a la campaña actual que sobre las torturas se está llevando a cabo, constituye una vejación al Cuerpo de la Guardia Civil, de todo punto intolerable". "Queda suspendido el estreno de El crimen de Cuenca que debía tener lugar hoy en los cines Proyecciones, Albéniz y Carlton, por haber retenido las autoridades administrativas la necesaria licencia de exhibición", se podía leer en la prensa de Madrid. Además, la jurisdicción militar dictó un auto de procesamiento en contra de Pilar Miró, que estuvo a espera de juicio.

El secuestro supuso todo un escándalo en un país que ya era democrático y, tras dos años, se levantó el secuestro del filme y se sobreseyó el proceso. "He pasado el período más amargo de mi vida", declaró Pilar Miró entonces. "Me decían que me fuera de España hasta que cambiara la legislación. El propio Felipe González me lo aconsejó, pero ¿por qué tenía yo que salir de España una vez muerto Franco, con una Constitución en vigor y por haber hecho una película perfectamente documentada? No se me ponía en las narices irme de aquí".

El crimen de Cuenca se estrenó finalmente en 1981 con récords de taquilla no vistos hasta la fecha. Con una recaudación de 376,7 millones de pesetas -1.971.671 espectadores acudieron a verla- fue también la más taquillera de su año.

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