Originalmente, el director pretendía que los últimos minutos de 'Kill Bill' fueran mucho menos emocionales, pero acabó enamorándose de un detalle de La Novia. Al escribir junto a la hija de Uma Thurman, se le ocurrió que debería cambiarlo todo
"¿Ella... sabe que su hija aún está viva?". Si viste Kill Bill volumen 1 en cines en su día, seguro que recuerdas este cliffhanger, que llegaba después de que La Novia escribiera la lista de las 5 personas que tenía que cargarse para completar su venganza. Sin embargo, originalmente Quentin Tarantino no tenía ninguna intención de mostrar sus cartas tan pronto: fue obligado por Harvey Weinstein, que se negaba a estrenar una película tan larga y le hizo dividirla en dos. Financieramente fue un éxito, pero lo cierto es que al director siempre le quedó una espinita clavada que acaba de solucionar con The Whole Bloody Affair.
Merece su venganza
Lo cierto es que Tarantino y Uma Thurman idearon al personaje de La Novia durante el rodaje de Pulp Fiction, y escribieron juntos parte del guion de Kill Bill entre 2000 y 2001, cuando ambos vivían en Nueva York: el director iba y venía de casa de Thurman, donde trabajaban mientras ella cuidaba de su hija, la ahora conocida Maya Hawke. Y, poco a poco, ver esa relación le hizo cambiar su final y, por tanto, dejar la puerta abierta al cliffhanger que todos conocemos (y que ha desaparecido en su nueva versión).
En la primera versión de Tarantino, La Novia se enfrentaba a Bill en un combate final, acababa con él y la pantalla se iba a negro. Sin embargo, decidió incluir que la hija de Beatrix estaba viva, cuidada por Bill, inspirada por el amor entre madre e hija que veía todos los días. Al final, cuando llegó el momento de dividir las películas, este fue el elemento que utilizó para enganchar al público. Vamos, un win-win en toda regla.
El final no fue lo único que cambió con el tiempo: la primera versión trataba a Beatrix Kiddo como una mujer de 22 años buscando venganza y no como una madre de 30, lo que hizo cambiar el tono y el ritmo del guion, añadiendo nuevos matices. ¿El resultado? Todos lo sabemos: una obra maestra prácticamente incontestable.