Fernando Ramallo fue una joven promesa del cine español en los años 90 y luego el teléfono dejó de sonar. Ahora narra las vicisitudes de ser actor en redes sociales
Este 2026 de cumplen 30 años desde que Fernando Ramallo se convirtió en actor por casualidad. Cuando todavía era un adolescente se coló en un casting que estaba haciendo David Trueba en un instituto de Madrid y consiguió uno de los papeles principales de La buena vida. Solo un año después, en su segunda película, Carreteras secundarias de Emilio Martínez-Lázaro, fue nominado al Goya como Mejor actor revelación.
Y así comenzó una carrera interpretativa que se antojaba prometedora. Después llegaron El corazón del guerrero, que no funcionó bien, la multipremiada Krampack, y un montón de propuestas televisivas que Ramallo rechazó porque quería dedicarse al cine y es el consejo que le habían dado. Luego el teléfono dejó de sonar: "Aún no entiendo lo que sucedió. Pasé de rechazar proyectos a no recibirlos", contaría a El Confidencial. "Me preocupé mucho y llegué a creer que me habían puesto en una lista negra, aunque ni siquiera era lo suficientemente conocido como para que me vetasen. Quizá fue porque por entonces la televisión empezó a ganar poder y yo les había dicho que no contasen conmigo".
Fernando Ramallo se tuvo que poner a trabajar en otras cosas como teleoperador, animador en fiestas de niños o dependientes, "porque no salía nada". También se refugió en el teatro y, desde entonces sobrevive en su trabajo de actor como puede, también participando en proyectos cinematográficos y televisivos que vayan saliendo. "Si empalmas una obra con otra, da para sobrevivir. Y empalmar es difícil, porque en el teatro sí que no existen los 'castings': los directores llaman a sus amigos, con quienes saben que trabajan bien", contaba a la publicación.
Desde hace unos años, Fernando Ramallo también está en redes sociales, en las que comparte con sus seguidores un montón de información y anécdotas sobre este universo tan duro que a veces puede resultar ser actor, una de las profesiones con más paro. Un oficio que puede ser precario incluso cuando tienen trabajo.
"Cada vez es más difícil encontrar un sitio donde descansar"
Recientemente, de hecho, reflexionaba sobre el hecho de que los actores de teatro tengan que pagarse sus alojamientos en hoteles cuando van de gira: "Ser actor y estar de gira con una obra de teatro suena muy bien hasta que te tienes que pagar el alojamiento", comienza explicando en uno de sus vídeos. "Y es que con los precios desorbitados en hoteles de ciudades como Madrid, Barcelona, San Sebastián o incluso Jerez, que con esta última he flipado, cada vez es más difícil encontrar un sitio donde descansar".
"La productora del espectáculo te da unas dietas para trabajar, pero muchas veces con estos precios en los hoteles no te puedes pagar ni una noche", explicaba, matizando que el problema son los precios, no el hecho de que desde las productoras no se hagan cargo del gasto. "Esas dietas no es que sean poca cantidad, porque están dentro del convenio y es una cantidad estipulada. Y tampoco es fácil para la productora subir esa cantidad. Hacen lo que pueden para llevar los espectáculos a las plazas donde se requieren y eso conlleva muchos gastos también de gasolina, como ha subido hasta ahora".
Según el actor, antes con las dietas habituales podían pagar la habitación y algún gasto extra, como desayunar, pero la subida de precios se lo pone cada vez más difícil. "Es un problema del que no se habla mucho porque no se tiene en cuenta, pero cada vez le pasa a más compañías y se ha dado el caso de que han renunciado a ir a determinadas plazas o ciudades con espectáculo porque no se podían pagar el alojamiento". "Es algo que se tiene que saber más", concluye Ramallo.