'All of a Sudden' es la razón por la que venimos (y sufrimos) en Cannes
Alejandro G. Calvo
-Director de SensaCine
De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.

Hamaguchi es un director profundamente humanista que pone el corazón y la bondad en el centro de su relato. Y os prometo que su última película es lo más extremo que ha hecho nunca

La gente me dice: "Ay, Álex, cuánto sufres, cómo nos reímos viéndote sufrir". Y es que no estoy en El juego del calamar, pero casi. Siempre os digo que este festival de Cannes es el Mauthausen de los festivales a nivel físico, una frase que a Verónica no le gusta nada y que me va a hacer cortar, pero es para poneros un ejemplo de por qué este certamen es el más heavy de todos.

Para que entendáis la locura que es esto y cómo nos exprimen, ayer por la noche fuimos a ver un anime a la Quincena de Realizadores, We Are Aliens, que por cierto es impresionante, con una animación increíble y una historia muy dura y triste. Al llegar, los señores encargados de la puerta del cine decidieron formar dos colas. Estuvimos ahí esperando tres cuartos de hora, helados, pensando que al abrir las puertas entraríamos todos en tropel porque las colas que se forman Cannes son tremendas. Pues deciden abrir... y abren solo una cola. Los que llevábamos 45 minutos estábamos quietos y la otra cola avanzaba. Y tú dices: "¿Pero qué sentido tiene? Entrarán antes los que han llegado más tarde". La única conclusión a la que llego es que lo hacen por joder. Yo me imagino a la gente de Cannes reuniéndose con túnicas y capuchas, como en Eyes Wide Shut , antes de que empiece el festival, diciendo: "¿Cómo podemos joder a los periodistas este año?". "Oye, ¿y si ponemos las entradas a las 7 de la mañana? ¿O si hacemos que la salida de la sala Debussy, de 800 personas, coincida con la cola de entrada de otras 800 para que se líe parda?". Vamos a matar a unos cuantos, Dios mío. Hoy voy un poco más lento, me tenéis que disculpar, pero es que la vida ya no me da.

Pero bueno, estoy aquí sentado en un parque tremendo, tengo banco, han parado unos chavales magníficos que estaban ahí tocando la guitarra disfrutando de ser jóvenes (¡ya envejeceréis, cabrones!), y me he puesto las gafas para hablar de lo que de verdad importa: el cine. Chicos, chicas, voy a hablar de All of a Sudden, la nueva película del cineasta japonés Ryûsuke Hamaguchi.

A estas alturas, Ryûsuke Hamaguchi ya es un cineasta conocido mundialmente, sobre todo porque sus tres últimas películas (La ruleta de la fortuna y la fantasía, Drive My Car —nominada al Óscar— y El mal no existe) son tres obras maestras impepinables. Son cintas distintas, pero unidas por unos intereses autorales cruzados que están en toda su obra. Hamaguchi es un director profundamente humanista que pone el corazón y la bondad en el centro de su relato. Sus películas son conversacionales, habladas, donde el peso de la palabra es superimportante. Es un cineasta tranquilo, reposado, que equilibra maravillosamente la dosificación y la importancia de los planos, dotando a sus historias de un flow y una ligereza asombrosa.

Este es el tipo de películas por las que venimos a Cannes

Y os prometo que All of a Sudden es lo más extremo que ha hecho nunca. Ojo, eso no significa que sea lo mejor que ha hecho. Yo personalmente conecto más con Drive My Car, o me parece una burrada buenísima El mal no existe. Pero All of a Sudden es la razón por la que venimos al Festival de Cannes, la razón por la que aguantamos las colas, el cansancio y todo lo que os voy enseñando.

Estaba ayer sentado en la sala Lumière y sentí que estaba viendo transformarse la historia del cine ante mis ojos. Estás viendo algo que no has visto nunca en tu vida, de una fuerza emocional y expresiva absolutamente apabullante. Viendo esto, entiendes la increíble evolución del director desde Happy Hour o Asako I & II; es como si hubiera alcanzado su cénit, una plenitud y una libertad tan bestias, con una seguridad tan férrea en su estilo, que resulta poderosísimo. Tiene planos que son homenajes directos a Ozu, recordando a Primavera tardía, con esas dos mujeres sentadas a la orilla de un río o en la playa. El nivel que ha alcanzado a la hora de encuadrar es completamente deslumbrante.

Ahora bien, no quiero llevar a engaños: no es una película para cualquiera. Son 3 horas y cuarto de metraje donde vemos a dos mujeres moverse y hablar. De hecho, el centro de la película es una conversación brutal de 70 minutos sobre dos temas: cómo mejorar los cuidados paliativos para ancianos con enfermedades cognitivas en residencias, y el colapso del capitalismo. La conversación es apasionante, sube y baja de intensidad. Y en medio de eso, Hamaguchi te hace como Bresson: te somete a sus diálogos, te tiene planchado, y de repente te ofrece una "imagen total" con unas emociones absolutas que te peta la puta cabeza, perdón por los tacos.

Para que me entendáis el nivel de exigencia, si pones La habitación de al lado de Almodóvar —que es un drama maduro sobre relaciones, arte y expiación— al lado de All of a Sudden, la de Almodóvar parecería un Fast & Furious o Misión Imposible. La peli va fluida, pero si no entras, vas a estar muy atenazado durante más de tres horas. Yo entré hasta el fondo y me derrumbé. Soy muy llorón en el cine; en la vida real no, es imposible, ¡no me han dejado nunca!, pero en el cine me rompo. Es una película profundamente anticapitalista, es historia del cine, y yo era testigo de cómo se creaba ante mí. ¡Hamaguchi es un puto Dios!.

Vivimos en un mundo que es todo lo contrario a esta película: velocidad, ruido, idioteces, vídeos de 30 segundos de TikTok y la aceleración del iPhone. Ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, las imágenes son falsas y efímeras. Y frente a ese ruido, Hamaguchi te planta 3 horas y cuarto sobre dos mujeres que traban amistad frente a un cáncer terminal. Me vi completamente superado por la extrema bondad de la película al tratar la vida y la muerte. Todo es sutil, sin melodrama, atonal y lleno de poesía. No hay ni un grito, casi ni lágrimas. Es el anti-Haneke, lo contrario a Amour. Aquí hay cuidados tiernos, humanidad y la necesidad de tocarnos y querernos, incluso con aquellos que nos odian. Tenemos que hacer de esta experiencia algo mejor porque, como dicen en la película, "este es el mundo más bello posible, pero es que además es el único que tenemos".

A esto venimos a Cannes cada año. Para ver películas que nos transforman la vida, como All of a Sudden. Gracias infinitas a Peugeot, nuestro patrocinador, por traernos hasta aquí, por llevarnos a Berlín y por dejarnos ir próximamente a Venecia y a San Sebastián.

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