'Perfect Days' es un conmovedor drama nominado al Oscar a mejor película internacional
Wim Wenders recordará 2023 como uno de los mejores años de su carrera. El cineasta alemán puso fin a un parón de cinco años con dos obras sobresalientes. Por un lado, hizo un documental en 3D titulado Anselm. Por otro, dirigió uno de los filmes más destacados del año: Perfect Days, disponible en 'streaming' a través de HBO Max.
Ambientada en Japón, Perfect Days es un conmovedor drama que Wenders rodó en solo 17 días y que causó sensación. En Cannes, su protagonista Kōji Yakusho ganó el premio a Mejor actor. En los Oscar, consiguió una nominación a mejor película internacional.
Perfect Days sigue a Hirayama, un hombre solitario que trabaja como limpiador de baños en Tokio. Su rutina diaria está muy estructurada, pero, y aquí es donde reside la magia, parece estar impregnada de una profunda tranquilidad. Hirayama es imperturbable, tranquilo, de pocas palabras y educado. Pasa su tiempo libre rodeado de libros y, en ocasiones, fotografía la naturaleza. Su día a día se rompe cuando personas de su pasado irrumpen en su pacífica vida y se ve obligado a modificar su rutina.
Novedad en Netflix: Una miniserie intensa que puedes ver en una tarde muy largaLa propuesta de Wenders es una película delicada, pero que remueve profundamente. Como te avisamos en el titular: después de verla, te replantearás la vida y quizá prestes atención a aquellas cosas que parecen pequeñas e insignificantes, pero que en realidad son muy importantes en tu día a día.
Lo curioso es que el origen de Perfect Days nace de una invitación: la de Tokyo Toilet Project a Wenders para que visitara los aseos públicos que habían diseñado arquitectos de renombre en Shibuya. La idea era que dirigiera cortos documentales sobre esas creaciones.
Esta visita inspiró el filme y, en el proceso de escritura del giuon, se mezcló con la historia de Leonard Cohen, que pasó años en un monasterio zen de California como monje. ¿Una de sus tareas diarias? Sí, limpiar retretes.
Perfect Days es también un homenaje a Japón, país que fascina a Wenders. No es la primera vez que el cineasta lo convierte en el escenario de una de sus películas. Ya lo hizo en el documental Tokyo-Ga (1985), que homenajea al director Yasujirô Ozu, ídolo de Wenders.