En 'La venganza de los Sith' vemos por primera vez cómo Anakin Skywalker abraza el Lado Oscuro y, efectivamente, se convierte por primera vez en el malvado Darth Vader. Lo que no esperaba nadie es que tuviera una fuerza tan sobrehumana
En un principio, la historia de Star Wars iba a tratar sobre un joven llamado Luke Starkiller, y George Lucas estaba encantado con el nombre. Sin embargo, hubo un pequeño problema: Charles Manson. El asesino en serie mató a Sharon Tate en 1969, consiguiendo en la prensa el apodo de "star killer" y, claro está, tuvo que maniobrar: en la siguiente versión del guion estrenó su nuevo apellido, Skywalker, que adoptaron tanto Luke como el que por entonces todavía no era su padre: Anakin.
Su carencia de fe resulta molesta
Todos sabemos que Anakin Skywalker se convirtió en el protagonista de facto de la saga tras el estreno de las precuelas, que presentaban su paso al lado oscuro. Originalmente, en el guion de La venganza de los Sith, que completaba su trayectoria, este paso se debía a motivos políticos, como la creencia de que los Jedi estaban intentando tomar el control de la República. Sin embargo, en la versión final esta parte se aguó mucho para destacar aquella con la que Lucas pensó que el público empatizaría más: su deseo de salvar a Padmé de la muerte.
Su paso al Lado Oscuro se hace definitivo tras declarar la Orden 66, y, de hecho, podemos ver su versión definitiva en un holograma haciendo algo increíble que posiblemente se te haya pasado por alto: en medio de la refriega, sosteniendo su sable láser y luchando contra Cin Drallig, está asfixiando a otro Jedi como quien no quiere la cosa. Hay gente a la que el paso al Lado Oscuro le sienta increíblemente bien.
Es posible que te preguntes quién demonios es Cin Drallig, ¡y parece mentira que a estas alturas no sepas que cada personaje de Star Wars tiene una historia propia! De hecho, era el guardián del templo Jedi, palabras mayores, y fue entrenado personalmente por el mismísimo Yoda. Vamos, que luchar contra él con una mano mientras ahogas a alguien es el trabajo de un auténtico maestro. Otra cosa es, claro, que te fijes con cuidado en la coreografía del combate y te des cuenta de que ninguno de los movimiento de la espada podría dañar a nadie...