El actor considera la experiencia “un momento para pensar, reflexionar y disfrutar de la tranquilidad”
Keanu Reeves se ha caracterizado por ser una estrella de cine sin demasiados pájaros en la cabeza y bastante cercanía y naturalidad con su entorno. Es raro escucharle de caprichos extraños que suelen caracterizar a actores de éxito con toneladas de dinero en sus cuentas. Salvo, quizás, sus adoradas motocicletas.
El actor canadiense no había conducido ninguna moto hasta que tuvo los 22 años, y fue durante un rodaje en Munich donde aprendió de mano de una chica joven. Cuando regresó a Los Ángeles decidió buscarse la misma motocicleta para mantenerse en esa fabulosa nueva sensación que le producía.
Un motorista nada fantasma
”Mientras trabajaba, si estaba rodando, iba a una tienda de bicicletas de segunda mano, compraba una, la utilizaba y luego la volvía a vender” contó Reeves a Vanity Fair en 2015, con motivo de la creación de su propia compañía ligada a estos vehículos. Arch Motorcycle pretendía acercar la experiencia de conducir al usuario a través de la creación de motocicletas personalizadas, que creaban por el precio de 78.000 dólares.
Este proyecto pasional del actor busca compartir el mismo placer que le da a él llevar una motocicleta. “Es un momento para pensar, reflexionar, un momento de tranquilidad”. Hasta ir a hacer la compra es algo que le complace hacer mientras pueda ir conduciendo en moto a la tienda.
“Ya he hecho John Wick”: Keanu Reeves no está contento con la dirección que está tomando su película más esperadaSu pasión por las motos le lleva a seguir competiciones, como las 8 Horas de Suzuka, o si tiene suerte acercarse con su compañía a algunas ediciones limitadas diseñadas por las compañías más importantes del mundo. Así lo hizo para poder acercarse a una Honda RC45, una motocicleta legendaria creada en 1994 para dominar el mundial de Superbikes. Una pieza exótica digna de museo con la que pudo lucir su propia marca.