Hasta los creadores de obras maestras meten la pata de vez en cuando. Y en los años 50 no tenían ordenadores para eliminar digitalmente todo lo que entrara en plano en películas como 'Centauros del desierto'. Obra maestra, pero no inmaculada
Podemos opinar distinto sobre mil películas, escenas, actores y directores, pero hay algunas cosas con las que todos estamos de acuerdo. Por ejemplo, que Centauros del desierto es una obra maestra. Porque, qué demonios, lo es y con creces: John Ford firma una película incontestable, un western definitivo y definitorio que muestra Texas como nunca antes. Espectacular, obligatoria e influyente a más no poder... aunque no por ello perfecta.
¡Hay caballos más rápidos que los nuestros!
Y es que hay una escena donde Ford confió en que nadie se daría cuenta de la ruptura de la realidad: en el segundo 1:10:30, cuando la caballería pasa por un río helado en una escena preciosa construída a la perfección, de fondo podemos ver... un par de coches conduciendo de fondo. ¡Al fin y al cabo, hay que estar muy atento para no fijarse en los personajes ni en la trama, sino en lo que está pasando al fondo de la imagen!
Desde luego, este errorcito no arruinó el estatus de la película. De hecho, en Warner estaban tan orgullosos de ella que hicieron una película sobre cómo se había rodado: exacto, se supone que este fue el primer making of de la historia del cine, y, por lo que sea, en ningún momento hablaron de que había dos coches de fondo.
Centauros del desierto, con gazapo o sin él, no solo es una obra maestra, sin oque también hizo nacer otras maravillas como Lawrence de Arabia: David Lean, aparentemente, se la ponía constantemente para aprender cómo hacer un gran plano general de un paisaje, y acabó haciendo algunos planos con el mismo estilo que Ford. Y os aseguro que aunque veáis la película en la pantalla más grande y nítida posible, nunca os vais a dar cuenta vosotros mismos de lo de los coches. Hay maravillas que hacen que se nos olviden hasta sus errores.