Este drama histórico es del mismo equipo que la reputada 'Hatfields & McCoys', aunque el resultado fue algo peor
El estado de Durango y el cine western tienen una larga relación. Conocido como el 'Hollywood del desierto', esta zona ha sido escenario de más de 100 películas del género desde 1954. John Wayne ha rodado ahí cuatro producciones y títulos como Pat Garrett y Billy the Kid o Un hombre llamado caballo también han recurrido a este recurso natural para desarrollar sus historias.
San Vicente Chupaderos, Rancho La Joya y el Paseo del Viejo Oeste son lugares más que familiares para los amantes del Oeste y por eso la producción de Texas Rising lo eligió como escenario para rodar sus cinco episodios.
La ficción protagonizada por Bill Paxton, Jeffrey Dean Morgan, Ray Liotta, Brendan Fraser, Olivier Martinez y Cynthia Addai-Robinson se estrenó en 2015 en History Channel y recrea los eventos posteriores a la batalla de El Álamo durante la Revolución de Texas. La obra narra la lucha del general Sam Houston contra el ejército mexicano y el surgimiento de los Texas Rangers en un ambiente de conflicto fronterizo.
Leslie Greif y Darrell Fetty, creadores de la ficción, también estuvieron detrás de la reputada Hatfields & McCoys, que recibió un total de 16 nominaciones en los premios Emmy.
A pesar de tratarse de una producción a gran escala, la crítica recibió el proyecto con opiniones divididas, principalmente debido a sus imprecisiones históricas y al uso de estereotipos, que no suelen encajar con una serie de History Channel. Aún así, vino muy bien a Durango.
Un rodaje espectacular que dejó una enorme derrama económica de 45 millones de dólares
La filmación de esta colosal serie comenzó a principios del mes de junio de 2014 y se planificó para extenderse a lo largo de 18 a 19 intensas semanas de rodaje continuo. De acuerdo con las cifras oficiales compartidas por el secretario de Turismo del estado, José Ángel Reynoso, y el productor José Ludlow, el proyecto dejó a la entidad una monumental derrama económica calculada en 45 millones de dólares, lo que equivale a aproximadamente 310 millones de pesos mexicanos. Esta enorme inyección de capital beneficia de forma directa e indirecta a múltiples sectores de la sociedad duranguense, generando una gran cantidad de empleo temporal clave para hoteles, restaurantes, transportistas y diversos servicios turísticos.
Algunas cifras para entender la magnitud de la grabación: más de 9.000 extras locales contratados, la participación de 5.000 caballos y el alquiler de 1.500 vehículos para coordinar los traslados diarios de todo el equipo técnico.
A nivel geográfico, el despliegue del rodaje les hizo llegar a 90 localidades distribuidas a lo largo de varios municipios, destacando las regiones de Durango, Pueblo Nuevo, Nombre de Dios, Canatlán y tentativamente Peñón Blanco. Una de las localizaciones más legendarias es el famoso rancho La Joya, que en el pasado perteneció a John Wayne. En este icónico lugar, un equipo de 90 hombres trabajó sin descanso durante cinco semanas enteras colocando adobes y tablas, logrando edificar impresionantes sets cinematográficos con una fuerte inversión exclusiva para su construcción que rondó los tres millones de pesos.
Con una derrama de 45 millones de dólares y la movilización de miles de personas y recursos, esta producción no solo fue un ejercicio cinematográfico, sino un respiro económico vital para la región.