Críticas
4,5
Imprescindible
28 años después: El Templo de los Huesos

La humanidad como el verdadero virus

por Sara Heredia

28 años después: el templo de los huesos no lo tenía nada fácil para destacar. Se trata de la enésima película de zombis que se estrena en estos últimos años, dentro de una franquicia que se conforma de tres entregas -siendo ésta la cuarta- y llega a los cines tan solo seis meses después de que lo hiciera su predecesora directa. En otras palabras: la audiencia podría ya estar cansada del universo de 28 días después y, lo que es peor, el equipo creativo podría haberse acomodado demasiado en su propio mundo cinematográfico y haber seguido la reglas del 'fan service'. Pero no ha sido el caso.

El templo de los huesos no es, precisamente, el camino más sencillo. Para empezar, se quita de en medio a los protagonistas de la primera 28 años -adiós a Aaron Taylor Johnson y Jodie Comer- e introduce a un grupo de psicópatas, los Jimmies -con un genial Jack O'Connell como líder-, que se encargan de explorar lo peor del ser humano. De manera paralela, introduce temas espirituales -qué nos hace humanos y qué propósito tiene nuestra existencia- a través del Dr. Kelson, a quien ya conocimos en la anterior entrega. El personaje de Ralph Fiennes abre un terreno inexplorado en el género al humanizar a los infectados y tratar de ver qué hay en su cerebro más allá de esa rabia ciega que les lleva a devorar personas.

Dirige Nia DaCosta -en sustitución de Danny Boyle, quien se encargó de 28 días después (2003) y de la más reciente 28 años- con el guion de Alex Garland. La directora dio muestras de lo bien que maneja el terror en Candyman (2021), otra película con momentos violentos y trasfondo profundo, y en su segundo largometraje de este estilo destaca por subvertir todos los clichés.

¿De qué va la película? Sigue donde se quedó la anterior entrega, cuando el joven Spike decide salir al mundo libre y se topa con Jimmy y sus secuaces. No tiene más remedio que dejarse llevar por ellos si no quiere morir. Por otro lado, el Dr. Kelson, en su altar a los muertos, investiga la enfermedad y se topa con un Alpha que podría ayudarle en su objetivo.

28 años después: el templo de los huesos, diciéndolo de manera rápida, no es una película de zombis porque lo que da miedo son los humanos, no los infectados. Estamos acostumbrados a atacar a estas pobres criaturas que han sucumbido al virus, cuando en realidad de quien deberíamos protegernos es de los otros grupos de personas que tratan de sobrevivir en un país desolado y que son capaces de cualquier cosa con tal de tener comida y medicinas. Ese es básicamente el mensaje que envía esta última película de la franquicia, la que posiblemente sea la mejor de las cuatro.

Durante gran parte del metraje la película se desarrolla en dos caminos muy diferenciados, pero llega un punto en que se juntan y resulta en uno de los grandes momentos de la película y de la saga. Nunca esperarías que la unión entre la psicopatía y la espiritualidad fuese de esta manera, pero posiblemente es lo mejor que le ha pasado a 28 años después.