Críticas
4,5
Imprescindible
Leviticus

Terrorífico relato sobre la homofobia y el fundamentalismo

por Tomás Andrés Guerrero

Leviticus es una de las grandes sorpresas de género de 2026: estamos ante el deslumbrante e inquietante debut del australiano Adrian Chiarella, producido por Causeway Films (responsables de otros éxitos australianos como Háblame y The Babadook). Estamos ante un ejercicio de terror sobrenatural con una marcada vertiente de denuncia social, abordando la violencia psicológica de las terapias de conversión para homosexuales desde una perspectiva tan poética como aterradora. La logra fusionar el terror de acoso con el drama de iniciación para ofrecer una experiencia que combina el susto genuino con un poderoso poso emocional.

El filme se ambienta en una pequeña comunidad rural australiana de tradición evangélica a la que se traslada Naim -un joven reservado y marcado por la reciente pérdida de su padre- junto a su devota madre Arlene. Allí, entabla una relación cada vez más íntima con Ryan, un compañero de clase con quien comparte miradas furtivas y un anhelo de pertenencia. Sin embargo, la brecha de vivir bajo la vigilancia constante de una sociedad ultraortodoxa convierte el paulatino descubrimiento de su sexualidad en una sensación de peligro inminente.

El detonante del conflicto se desencadena cuando los sentimientos de los jóvenes quedan expuestos ante la comunidad, impulsando a la iglesia local a someter a los muchachos a un brutal ritual de "sanación" liderado por un enajenado predicador. En lugar de "curar" su orientación, la traumática ceremonia desata una entidad demoníaca con una regla verdaderamente perversa: el monstruo acecha a sus víctimas adoptando la forma física de la persona que más aman o desean. De este modo, el menor acercamiento, mirada o muestra de afecto hacia su ser querido se convierte en una sentencia de muerte inmediata.

El género 'made in Australia' está sigue en buena forma

Heredera del espíritu paranoico de títulos de culto como It Follows, la trama convierte el propio deseo y el amor juvenil en una trampa mortal. El terror no proviene únicamente de la amenaza física de la criatura, sino de la tortura psicológica de tener que temer a la persona amada, forzando a los protagonistas a reprimirse y aislarse en un angustioso reflejo de la violencia real que ejercen los dogmas extremistas sobre la juventud.

El debutante Chiarella demuestra un pulso narrativo innato para tratarse de un primer largometraje. Desde su impactante secuencia inicial -un turbador homenaje a Psicósis, ambientado en una piscina pública- hasta su ajustado metraje de 88 minutos, la dirección mantiene una tensión constante. La fotografía contrapone la calidez de la luz solar en los breves instantes de intimidad con la opresiva penumbra de los interiores, mientras que una lúgubre y penetrante banda sonora, envuelve al espectador en un clima de amenaza de la que no hay escapatoria.

Los jóvenes actores Joe Bird (al que muchos recordarán por su papel en Háblame) y el debutante Stacy Clausen derrochan mucha química, transmitiendo vulnerabilidad, atracción y pánico propio de dos adolescentes que descubren su identidad en un entorno adverso. Por su parte, Mia Wasikowska brinda una actuación inquietante como una madre cuyo amor queda eclipsado por un fanatismo religioso desgarrador, evitando los tropos simplistas para componer una figura trágica y aterradora.

Leviticus es una de las propuestas de terror más valientes, frescas y memorables del año. Adrian Chiarella no solo firma un debut sobresaliente que confirma el excelente estado de forma del cine de género australiano, sino que demuestra que el verdadero monstruo no es la entidad que emerge de las sombras, sino el prejuicio que busca destruir la conexión humana.