Amigo, vecino y mutante
por Tomás Andrés GuerreroTom Holland vuelve a ponerse tras la máscara en Spider-Man: Brand New Day tras exigir una secuela de No Way Home con un propósito real -no sólo económico-, influenciado por la rigurosa preparación de Christopher Nolan en su rodaje de La Odisea (en la que el actor británico interpreta a Telémaco). Bajo la firme dirección de Destin Daniel Cretton, esta cuarta entrega destaca por elevar la calidad técnica y dramática de toda la saga con un guion mucho más maduro.
La trama arranca tras el hechizo de Doctor Strange: mostrando a un Peter Parker aislado que compagina su solitaria lucha callejera con dos graves amenazas: una misteriosa fuerza psíquica capaz de poseer cuerpos para asaltar el Departamento de Daños Controlados, y una dolorosa mutación física de sus propias hormonas arácnidas. Esta metamorfosis biológica, que le otorga telarañas orgánicas y sentidos de gran alcance, le provoca a su vez crisis corporales que simulan brutales ataques de pánico en mitad de la acción.
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El guion explora de manera brillante la soledad de una generación y la salud mental mientras Peter observa con añoranza la vida de Ned y MJ en redes sociales. Aunque MJ no recuerda su pasado común por culpa del hechizo, la innegable química real de Holland y Zendaya dota de una inmensa e hiriente vulnerabilidad a sus escenas conjuntas.
Esta entrega triunfa especialmente al liberar a Peter de los Vengadores que tutelaban e intervenían en sus anteriores aventuras cinematográficas. Al recuperar su rol de justiciero puramente local e independiente, la película nos regala un emotivo homenaje donde los propios ciudadanos de Nueva York se vuelcan con él, iluminando incluso el Empire State en su honor. Se demuestra así que proteger tu propio vecindario tiene un valor mucho más poderoso y honesto que salvar el universo entero.
Justiciero bueno y vigilante malo
Para afrontar el peligro, El Hombre Araña se ve obligado a formar una divertida y tensa alianza -pese a sus diferencias- con Punisher (un extraordinario Jon Bernthal), además de consultar a un Bruce Banner que tampoco le recuerda. Estas interacciones resultan sumamente orgánicas y devuelven al héroe al corazón de una Nueva York compartida pero muy realista.
Visualmente es un absoluto espectáculo gracias a los efectos de Industrial Light & Magic, destacando los movimientos entre edificios -más impactantes y realistas que nunca- y combates de artes marciales que recuerdan a Tigre y Dragón. El tono melancólico y las referencias a cambios físicos del protagonista homenajean además a la época cinematográfica del personaje en manos del director Sam Raimi.
Pese a un metraje algo sobrecargado de metáforas inconexas y una escena post-créditos totalmente prescindible, la película triunfa con una rotunda y conmovedora madurez. Nos encontramos ante un extraordinario y necesario renacimiento que, esquivando la fatiga del género, devuelve con creces al arácnido su verdadera esencia humana y vecinal.