Críticas
3,0
Entretenida
Digger

Soberbia visual, sermón de fondo

por Sara Heredia

He leído una crítica sobre Digger que me ha hecho mucha gracia: “digáis lo que digáis de Tom Cruise, al menos cuando se cae lo hace de forma espectacular”. Digger no es desastrosa a nivel visual -que es una delicia- ni tiene un guion catastrófico -que dentro de su mundo funciona- ni cuenta con interpretaciones pésimas -en absoluto-. El mayor problema de Digger es que se quiere tanto a sí misma que no se deja respirar.

Esto no pillará por sorpresa a quienes conozcan la trayectoria de Alejandro G. Iñárritu, un cineasta controvertido como el que más por el mero hecho de existir. Sus películas han gustado más o menos entre la crítica, pero todas tienen la misma pátina: demasiado cargante, demasiado ‘pasado de listo’. Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, estrenada en 2022, supuso la cima de su sello personal. Al diseñarla como una autobiografía hablando de "cosas que me parecían importantes compartir" -como dijo en una entrevista con SensaCine-, se dio todo el margen del mundo para regodearse en sus reflexiones.

Digger sigue esta línea. Sin desvelar mucho acerca de la trama, se centra en el dueño de una petrolera que condena a la humanidad al fin del mundo por su egoísmo económico. A partir de ahí entran presidentes de gobierno, altos mandos del ejército y ministros sin un puesto claro que eluden su responsabilidad y le pasan la bola a cualquier otra persona. La conclusión está clara: quienes han llevado al mundo a la ruina no van a hacer nada para solucionarlo.

Generalmente, no tengo nada en contra de los directores ambiciosos que quieren mucho a su obra. A Christopher Nolan le echan esto en cara constantemente, pero es capaz de sacar adelante grandes producciones que emocionan al espectador. Más allá de su fuerza visual y epopeyas, deja algo de lugar para el corazón. En Digger no hay sensibilidad, pero no porque el grupo de hombres de traje que domina nuestro planeta sea una parodia esperpéntica de la realidad, sino porque Iñárritu no tiene empatía con el espectador.

En el momento de clímax de la película, en un monólogo magistralmente interpretado por Tom Cruise, el detestable Digger señala a la audiencia: yo, como magnate, sé que he explotado la Tierra por encima de sus posibilidades, pero lo he hecho porque vosotros, sociedad, queréis la comodidad del aire acondicionado, el coche privado y preguntarle a ChatGPT qué receta puedes hacer para cenar hoy. En una película que, supuestamente, trata de mostrar la negligencia y narcisismo de la élite que domina nuestro sistema nos vemos salpicados por la mierda.

El mensaje que transmite, que puede parecer una tesis filosófica compleja, no lo es en absoluto. Sus ideas llegan masticadas, con ganas de sermonear, y no dejan de ser conceptos demasiado generales y consabidos sobre los buenos y los malos en una sociedad que se está yendo por el desagüe. Y en esto sí que acierta. Digger se estrena en un momento con tanta crispación social y tanto odio que el debate que ha generado en sus primeras proyecciones encaja como un guante en el contexto.

Dicho esto. Tom Cruise está muy bien. Que le den el Oscar.