Ver el tráiler de la nueva Vaiana en acción real ha sido todo un shock generalizado. No tanto por tener expectativas muy grandes para ver de nuevo lo mismo que ya se vio animado en 2016, sino porque la supuesta realidad que prometía el remake… no está por ningún lado. Entre toneladas de efectos especiales por ordenador y fotografía digital, dejaba la sensación de que era otra película de animación, no había nada que se asemejase a lo real.
Aunque es posible que el CGI esté por terminar, y haya compresión de base en los vídeos de YouTube que hacen que todo se vea peor de lo que acaba siendo, el tráiler de Vaiana es el último ejemplo de blockbusters que se vuelven muy áridos de ver. Cuando muchos espectadores se quejan de que las películas ya no son tan buenas como las de antes, es en parte por esto: es imposible sentirse inmerso en ellas por como lucen.
Los 'live action' de Disney se nos han ido de las manos: en 'Vaiana' ni siquiera los humanos parecen realesLa estandarización de la fotografía digital ha facilitado el ritmo de trabajo de muchos rodajes, no teniendo que esperar a revelar celuloide o contar con que se ha grabado todo como se esperaba. Pero en parte ha provocado una generalización de la planicie visual, llevando a que cualquier escena de cualquier blockbuster se pueda colocar prácticamente en cualquier otro. Se pierde una visión especial que, por si fuera poco, tiene una dependencia exagerada en el CGI que cada vez es más pobre porque los estudios de VFX están sobrecargados de trabajo, y encima tienen que sacarlos en plazos ridículos.
Sin embargo, no es esto lo que nos provoca que las películas no nos parezca reales. O, al menos, no es la única causa. Ver una película como Avatar: El sentido del agua desafía estos conceptos porque es ante todo CGI y fotografía digital, pero la experiencia de inmersión es inigualable incluso sin gafas de 3D. James Cameron consigue algo que resulta apetecible de ver, ya que sigue siendo de vieja escuela y pone mucho esmero en que los detalles estén cuidados, incluyendo los efectos digitales revolucionarios.
Un cine que ya no se puede tocar
Claro que el cine moderno puede seguir siendo grande y capaz de sentirse real. Entre ejemplos puntuales hay también mucho cine de autor dispuesto a hacer que nos sintamos atrapados en las historias. Muchos vienen de otra manera de hacer cine precedente a la avalancha digital que vivimos, o están muy obsesionados con ese cine del pasado. No porque antes fuese mejor, sino porque se hacía de manera que conectase con nuestros sentidos.
Es lo que se hace hincapié en un interesante vídeo de Tom van der Linden en su canal Like Stories of Old. Mucho cine actual ha perdido atención al detalle y, sobre todo, capacidad de percepción táctil, que podamos sentir que estamos en el sitio donde tiene lugar la acción. Tal y como describe con varios ejemplos, y no pocos contemporáneos, no es sólo el rodar con celuloide como antaño o construir los sets para que parezcan reales, sino la inclusión de planos detalle donde se tocan o respiran cosas, permitiéndonos sentirnos inmersos en el lugar y sentirlo real aunque sepamos que es falso porque es una película.
Esto lo podemos encontrar en una película más pequeña, pero ya es raro encontrarlo en una grande. Los plazos para estrenar un blockbuster se han vuelto demenciales y apresurados, y muchos están sujetos a cambios radicales en base a lo que miden los estudios en reacciones con audiencias de prueba. Para facilitar los cambios en los que se quita algún detalle o se incorpora otro cualquiera, muchos de los planos se diseñan de manera que se pueda modificar todo lo que hay alrededor del actor, que suele estar en un plano medio donde se le ve bien mientras el fondo es difuminado. El entorno no importa, porque casi todo se rueda en pantallas verdes o en pantallas modificables, y en consecuencia se acaba viendo personajes en mundos que no se pueden apreciar, y por tanto no se ven reales.
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