Hace doce años, Byron Howard y Jared Bush estaban desarrollando esa enorme ciudad repleta de detalles que acabaría llamándose Zootrópolis. Uno de los grandes valores de la película —estrenada en 2016— es precisamente su minucioso diseño: una ciudad imaginada capaz de acoger espacios adaptados tanto a diminutos roedores como a altísimas jirafas, enormes hipopótamos o animales que necesitan vivir en el frío.
Ese universo podría haber sido tan grande como hubieran querido, pero tuvieron que recortar ideas para que todo encajara en una película de una hora y 48 minutos. Inevitablemente, hay cosas que se quedaron fuera, pero han recuperado esos conceptos para una segunda parte, Zootrópolis 2, que se estrena este viernes 28 de noviembre.
"De hecho, tuvimos este problema porque pensamos: 'Este mundo es tan divertido, hay tantos lugares a los que queremos ir', y tuvimos que elegir esta cantidad de lugares para la primera película. Y pensamos: '¿Y qué hay de todo lo demás?'. Así que, incluso entonces, empezamos a pensar en qué otras historias podríamos contar en este mundo", cuenta Jared Bush en una entrevista con SensaCine. No fue hasta hace cinco años cuando regresaron a este mundo y empezaron a darle forma a la secuela. "La idea de que esta fuera una historia sobre Nick y Judy y su relación, y el deseo de profundizarla. El hecho de que estos animales tan diferentes tuvieran que empezar a verse de una manera que no les preocupara, sino que la aceptaran", continúa.
En Zootrópolis 2, Judy y Nick ya forman parte del cuerpo de policía, pero su impetuosidad tras una misión que no ha terminado como se esperaba les lleva a ser castigados: deberán ir a terapia para trabajar las diferencias que hay entre ellos. Ellos creen que no hay nada que solucionar en su relación, pero poco a poco descubrirán que tienen que cuidar ciertos aspectos.
Al mismo tiempo, la ciudad celebra el aniversario de los muros que separan los diferentes ecosistemas. En la ceremonia aparece un reptil, una especie que hacía décadas que no llegaba a Zootrópolis y que, aparentemente, son enemigos de los mamíferos.
Disney
Esta es una historia que realmente habla sobre el hecho de que somos diferentes. Y a veces empezamos a ver esas diferencias como un problema. Empezamos a preocuparnos de que sean un obstáculo. Y creo que de lo que realmente habla esta película es del hecho de que no lo son. Nuestras diferencias nos hacen más fuertes. Nuestras diferencias son maravillosas. Setecientas personas trabajaron en esta película. Cada una de ellas muy diferente
Marsh Market: un nuevo escenario desbloqueado
En su aventura en este episodio, Judy y Nick llegan a Marsh Market, el Mercado del Pantano, una parte segregada de Zootrópolis donde se esconde una comunidad de reptiles. En palabras del director, ha sido "una de las localizaciones más ambiciosas que hemos intentado crear". Está diseñada para animales anfibios que pueden vivir tanto en el agua como bajo ella. "No hay un mundo humano equivalente", dice Bush, "además de dar el máximo entretenimiento posible, nos basamos en el hecho de que esta es una película que habla de las diferencias. Queríamos poner a Nick y Judy en un lugar donde sintieran que está diseñado para ellos, pero que realmente sintieran lo que se siente ser el otro en este lugar. Así que creo que, más que nada, era una muestra de una comunidad que no conocían muy bien, pero que al final los acoge".
Diez años son suficientes para que la tecnología haya cambiado lo suficiente como para que se note en los procesos. En el caso de Zootrópolis, un nuevo software llamado Houdini les ha permitido "crear una iluminación increíblemente realista. Lo verán muy claramente en la belleza de las tomas". Además de este nuevo acabado, el software permitía a todos los departamentos trabajar al mismo tiempo y "colaborar a un nivel mucho más profundo".
Rigoberta Bandini, regreso a uno de los personajes más queridos de Disney
"Cuando digo 'soy la conejita de Zootrópolis', todo el mundo es como: 'Qué guay, me encanta Zootrópolis'. No conozco a nadie que no le guste", dice Paula Ribó, la actriz de doblaje que vuelve a ser Judy en la cinta casi diez años después. Cuando le puso voz pocos conocían su nombre, pero hace ya tiempo que su carrera como Rigoberta Bandini arrasa en plataformas. "Ahora ha sido diferente porque ya conocía al personaje y la película. Tenía muchas ganas también como espectadora de ver qué iba a pasar y lo he disfrutado muchísimo", asegura.
En la cinta original, la coneja está interpretada por Ginnifer Goodwin y sobre esa base debe trabajar el doblaje en España. "La mejor manera de dirigirme es regalándome el original, y es que el original está lleno de matices. Lo que hacemos mucho en la sala es fijarnos mucho en ese original, y si alguna vez nos desviamos un poco, los americanos van revisando las versiones y dicen: 'No, aquí la intención era esta'. Y es como: 'Ah, vale, es verdad, no lo habíamos entendido".
Judy regresa "con un poquito más de madurez, porque es verdad que la primera parte era más pardilla", pero mantiene esa "voluntad muy bonita de encontrar lo que realmente sea justo para todos. Promueve valores muy bonitos, como que da igual la manera en la que seas, cómo seas físicamente, el lugar donde hayas nacido… Por mucho que la autoridad diga unas cosas, también hay que cuestionarlas y trabajar en equipo. Creo que tiene unos valores muy bonitos y que Judy los encabeza muchísimo", añade.