Las películas de cine, y las de Hollywood en concreto, son cada vez más grandes y más costosas, pero no tienen nada que ver con las grandes producciones de los años 50 y 60, cuando los actores se dejaban la piel en sus trabajos, los directores no sabían qué era eso de las condiciones laborales y los ejecutivos de los estudios eran capaces de todo por la pasta. Hay cosas que no han cambiado mucho desde entonces, pero ahora los rodajes tienen lugar en estudios cerrados con pantallas verdes y se ha perdido por el camino el trabajo de un buen diseño de producción como el de Guerra y Paz, que 60 años después se sigue recordando como uno de los mayores proyectos de la historia del cine.
La película dirigida por Serguey Bondarchuck ya aturde con sus más de siete horas de duración en su versión original -se estrenó en cuatro entregas, para que luego digan del final de Stranger Things-, pero es que fue un despliegue de medios de tal magnitud que marcó un hito en la historia. El Estado Soviético se propuso demostrar su poderío cultural y artístico y aquí está la prueba.
Su rodaje, de hecho, duró varios años, así pudieron capturar las estaciones y dejar que impactara en la trama de manera más natural. Siguiendo esta búsqueda de la autenticidad, recrearon los campos de batalla, los uniformes y los escenarios con una precisión exhaustiva que les hizo gastar una millonada.
Las autoridades soviéticas apoyaron de buen gusto esta idea porque querían superar a la versión italo-estadounidense que había estrenado King Vidor en 1959, así que cedieron buena parte de sus recursos. El Ejército Soviético proporcionó cientos de caballos y más de 10.000 soldados como extras para momentos clave de la cinta, como la Batalla de Borodinó. No se trataba solo de conseguir este enorme número de personas, sino de movilizar al ejército estatal. Los soldados que participaron dedicaron meses a ensayar los movimientos de batalla y a manejar herramientas de la época, como los mosquetes. Aunque tenían experiencia en conflictos, debían ambientarse en la época y hacer lo que el director les pedía, de ahí que necesitaran aprenderse el papel.
La cinta salió adelante con 8,29 millones de rublos, lo que equivaldría a 9,2 millones de dólares -ajustado a la inflación, unos 90 millones de dólares actuales-. A esta cifra habría que sumar el coste de trabajar con miembros del Ejército Soviético, que fue una participación clave en la producción. Como no se contabilizó, no sabemos a cuántos rublos equivaldría esta aportación. Y también tendríamos que tener en cuenta la participación de los museos, que se volcaron con Guerra y paz y aportaron numerosos artefactos históricos, como muebles, vajillas, armas o uniformes.
Mosfilm
Una película única e irrepetible
"La versión rusa de Guerra y Paz es una película magníficamente única. El dinero no lo es todo, pero no se puede hacer una epopeya sin él. Y Guerra y Paz es la epopeya definitiva de todos los tiempos", dice Roger Ebert en la crítica que escribió tras su estreno. "Es difícil imaginar que las circunstancias vuelvan a combinarse para crear una película más espectacular, costosa y —sí— espléndida. Quizás sea mejor así; las epopeyas parecen estar perdiendo popularidad, reemplazadas por películas más pequeñas y personales", continuó diciendo el crítico, cuyas palabras han resultado tener toda la razón.
Ya no se llevan a cabo estas impresionantes epopeyas. Si quisieran repetir Guerra y paz en la actualidad seguramente recurrirían a efectos visuales para las escenas de lucha o las grandes cenas de gala. Nunca dedicarían tiempo y dinero a reunir a más de 10.000 extras para las batallas, sino que los replicarían por ordenador. Por muy avanzada que esté la tecnología, nunca será comparable al impresionante nivel de la cinta de Bondarchuck.