En ciertas ocasiones, los actores han de hacer verdaderos sacrificios para que luego, en pantalla, el resultado no ya solo sea memorable, sino directamente histórico. Los hay que pierden peso, que ganan peso, que se someten a interminables sesiones de maquillaje, y los hay, también (o lo hubo, más bien dicho), que tuvieron que andar una larga caminata a lo largo del desierto, bajo un sol abrasador.
En Lawrence de Arabia, Omar Sharif tuvo que hacer uno de esos sacrificios en pos del arte. La primera vez que vemos al personaje que interpreta, Sherif Ali, un jerife árabe que se une a T.E. Lawrence en la rebelión contra el Imperio Otomano, es algo hipnótico. Su figura emerge poco a poco en la distancia del vasto horizonte del desierto, como si de un espejismo se tratara.
Esta era la intención de David Lean, su director, hacer que la primera vez que vemos al personaje es, tan solo, una mancha difícil de relacionar siquiera con la figura de un ser humano, y que poco a poco lo vieramos como lo que realmente es, un jinete a caballo.
Para ello, Lean tuvo que usar una lente extremadamente rara y potente para la época, un teleobjetivo de 800mm para que se pudiera comprimir la perspectiva. El truco estaba en que el actor se encontraba, en realidad, a 3'2km de distancia del punto de la cámara.
Omar Sharif tuvo que hacer un largo y extenuante paseo hacia la cámara en varias tomas para que la escena quedara perfecta. El resultado, simplemente, es hipnótico y ha quedado para la posteridad como una de las escenas más bellas e impresionantes jamás filmadas. El calor del desierto, la atmósfera repleta de polvo, pesada, y la inmensidad casi inabarcable del paisaje se trasladaron al espectador de una manera increíblemente inmersiva, convirtiendo la escena en una de las mejores entradas de personaje de la Historia del cine.
En 1962, Lawrence de Arabia se llevó para casa nada menos que siete Óscar, incluyendo mejor película, director, fotografía y música; además, también recibió 6 premios Globos de Oro incluyendo mejor película de drama y director. Lawrence de Arabia ha quedado para la posteridad como una de las mejores películas de la Historia del cine, dirigida por un británico que amaba la épica con locura y que es también artífice de otras maravillas como El puente sobre el río Kwai o Doctor Zhivago.