El 5 de febrero de 1919, cuatro de los nombres más importantes del cine por aquel entonces (Charlie Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y DW Griffith) decidieron montar su propia productora al margen de los grandes estudios: así nació United Artists, un nombre que ganó Óscars y prestigio a lo largo de las décadas hasta que se hundió por culpa de un puñado de malas decisiones, de las que La puerta del cielo de Michael Cimino es, quizá, la peor. El estudio se convirtió en una pequeña gran ruina hasta que en 2006 llegó Tom Cruise.
Con parche en el ojo, con cara de malo
Cruise y Paula Wagner, su colega de por aquel entonces, decidieron resucitar UA a base de películas elegidas muy consciente y metódicamente en las que el actor haría también las veces de productor. La idea era buena, pero duraron tan solo dos títulos: Leones por corderos y Valkiria. Y no fue, desde luego, porque Cruise no lo dio absolutamente todo en esta última con su papel del coronel Claus von Stauffenberg.
Su innegable parecido con el militar nazi llevó a Cruise a aceptar el papel frente a las negativas de parte de la familia Stauffenberg superviviente (particularmente, de un hijo del coronel), y quiso llevar su actuación al siguiente nivel. La persona original había perdido su ojo izquierdo, su mano derecha y dos dedos en la izquierda durante un ataque en Túnez, y el actor quiso vivir con esas discapacidades: no solo se puso un parche diezmando su equilibrio por completo, sino que, además, quiso saber cómo se vivía sin una mano.
“Practiqué mucho vistiéndome y moviéndome sólo con los dedos y sin una mano. Stauffenberg insistió en seguir escribiendo así que he practicado con mi mano izquierda. Nunca quiso ayuda. Incluso aunque sus piernas estuvieron heridas, trabajó muy duro en que nadie se diera cuenta”, afirmó en su momento Cruise, que, según cuentan, vivió como Von Stauffenberg casi al completo. Lo único que le faltó fue cortarse la mano, claro, pero quizá fuera demasiado incluso para nuestro Tom.