La Academia de cine de Hollywood es muy estricta para preservar su historia y para que sus premios tengan el estatus que consideran que merecen. De ahí que sus galas se fuesen profesionalizando y motivasen a la gente de la industria a valorar los reconocimientos. Y, en especial, que tratasen los propios Oscars con respeto.
Su gran medida en esa área llegó en 1951, prohibiendo expresamente a miembros y ganadores que revendiesen las estatuillas doradas que repartían cada año. En caso de intentarlo, la Academia tiene derecho de tanteo para recomprar el Oscar por una cantidad de 10 dólares, disuadiendo posibles intentos.
Sin embargo, la medida llegó tras un par de décadas de ceremonias, y todos los premios otorgados en esas primeras galas estaban exentos de esta norma. Es así como Michael Jackson se hizo en una subasta con el Oscar de Lo que el viento se llevó, y también como un actor salió de un aprieto durísimo.
Valor sentimental
Aunque Harold Russell no era realmente un actor, o uno profesional, sino que fue un soldado retirado que combatió en la Segunda Guerra Mundial y tuvo una participación célebre en una de las películas más célebres sobre el conflicto. William Wyler le escogió para dar autenticidad a uno de los personajes de Los mejores años de nuestra vida, un aclamadísimo y popular drama que se estrenó un año después de acabar la guerra y que triunfó a lo grande en aquellos Oscars.
Russell salió especialmente triunfante. La Academia vio loable que pusiera sus experiencias reales en favor de una película tan importante, por la que fue nominado como mejor actor secundario. Pero al ser un amateur, pensaron que los votantes no se decantarían por su trabajo para la victoria, así que le otorgaron un Oscar honorífico por representar con honor a los veteranos que combatieron en la Gran Guerra. Para sorpresa de todos, el antiguo soldado ganó también el Oscar competitivo, llevando a la singular circunstancia de ganar dos premios por la misma interpretación.
Michael Jackson pagó 1,5 millones para tener un Oscar: su familia lleva años buscándolo porque está desaparecidoLa vida de Russell se topó con un revés severo muchas décadas después. En 1992 su esposa tenía que someterse a una importante operación en sus ojos, y su casa tenía problemas que debían solucionarse, pero estaban justos de dinero. El veterano decidió que la manera más rápida de conseguir dinero era vender uno de sus Oscars. La Academia entendió su situación, pero no quería que el premio acabase en manos de cualquier persona, por lo que ofreció darle un préstamo de 20.000 dólares.
Russell rechazó la oferta, prefiriendo la oferta de 60.000 dólares que le daba un coleccionista privado. No sólo era más dinero, también le evitaba estar en el aprieto de tener que devolverlo, además de ser más inmediato. Y en aquel momento priorizó la salud de su esposa al valor sentimental de una estatuilla.
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