Cuando Peter Jackson eligió el reparto de El señor de los anillos, se encontró con un problema grave: las productoras querían actores ya conocidos para asegurarse el éxito. Por ejemplo, Miramax (cuando estaba metida en el proyecto) insistió en que Gandalf fuera o bien Max von Sydow o incluso Morgan Freeman. New Line no fue mejor, sugiriendo a Sean Connery y Christopher Plummer. Finalmente, Peter Jackson se salió con la suya y pudo llamar a Ian McKellen, ¡a pesar de que no tenía la misma edad que su personaje!
El señor de los viejillos
Claro, es lógico: al fin y al cabo, en su forma de espíritu, Gandalf había vivido ya 55.000 años al inicio de El señor de los anillos. Es más: al final de la Guerra del Anillo, su forma física ya llevaba 24.000 años en la Tierra Media. McKellen tenía 62, pero claro, es difícil encontrar un actor de tantísima edad. Algo parecido ocurre con Légolas, que en la ficción tiene más de 500 años (en realidad, se estima que 2931 exactamente) y fue interpretado por Orlando Bloom, que tenía 24 en aquel momento. Casi.
Tampoco encontraron a un actor de 139 años para interpretar a Gimli, y tuvieron que conformarse con John Rhys-Davies, que por aquel entonces tenía 57. Ni tan siquiera Aragorn, el dúnedain, tenía la misma edad que Viggo Mortensen: 87 años contra 43. ¿Y los hobbits? Pues tampoco. Frodo tenía 50 años y Elijah Wood tan solo 20; Sam 38 y Sean Astin 30; Merry 36 y Dominic Monaghan 25. La primera excepción a esta insultante juventud la encontramos en Pippin, el personaje más joven los hobbits (28 años) interpretado por el más mayor de ellos, Billy Boyd (33).
New Line
La otra excepción de la comunidad del anillo es la de Boromir, que, como el único humano, podía acercarse a su edad real, más o menos. El personaje en el libro de JRR Tolkien tenía 40 años, pero Sean Bean le sobrepasaba por dos años. Ya que tenían un personaje cuyo actor sí podía acercarse a la edad real, no iban a arriesgarse.