El cine es un acto de sumisión: 'Pillion' y el placer de que una película no te dé lo que esperas
Andrea Zamora
Andrea Zamora
-Redactora
Fan de la fantasía, el 'thriller' y la ciencia ficción. Vive entre mundos distópicos, misterios por resolver y universos inventados.

De una forma totalmente inesperada, el filme de Harry Lighton con Alexander Skarsgård y Harry Melling es muchas cosas: tierno, emocionante, sexy, romántico, algo gamberro y muy, muy divertido

En 2022, Jane Campion dijo algo sobre el cine en lo que no he dejado de pensar. "Es una especie de sumisión, ¿no? A algo más grande que uno mismo". La directora había sido nominada a los Oscar por El poder del perro (2021), un wéstern protagonizado por Benedict Cumberbatch, y estaba hablando con otros directores en una mesa redonda de THR. "Esa es la diferencia, porque creo que la tele te obedece y tú obedeces al cine", añadió Guillermo del Toro. "Ver primeros planos masivos de rostros en el cine me hace sentir diferente sobre la condición humana. Al verlo del mismo tamaño que yo, entonces puedo ponerme a hervir el agua", comentó Kenneth Branagh. Cuando escuché esas palabras, muchas cosas cobraron sentido. En concreto, lo que dijo Campion cambió la forma en la que concibo el cine.

Pillion
Pillion
Dirigida por Harry Lighton
Con Harry Melling, Alexander Skarsgård, Douglas Hodge
Fecha de estreno 6 de marzo de 2026
Cartelera y Entrada (40)

El cine, el que se ve en una sala, es, efectivamente, un acto de sumisión. Es someterse al relato que han construido muchas personas. Permitir que, durante un tiempo, tus emociones estén a merced de una combinación continua de imágenes y sonidos. El verbo "permitir" aquí es importante. El poder viene del espectador, uno que activamente deja de resistirse ante la historia que le están contando. Hay filmes para los que es muy fácil dejarse hacer porque su fórmula es una que nos resulta muy familiar. Ya hemos transitado por ella muchas veces antes. Hay otros que lo ponen más difícil, pero también son los que más se disfrutan. A veces, hay placer en que una película no te dé lo que esperas. Como Pillion.

Pillion es la adaptación de Harry Lighton de la novela Box Hill de Adam Mars-Jones. La historia sigue a Colin (Harry Melling), un hombre tímido y algo inocente que conoce a Ray (Alexander Skarsgård), un misterioso motero con el que empieza una relación BDSM. BDSM es un anglicismo creado para abarcar un grupo de prácticas que, en ciertos casos, son consideradas un estilo de vida. Lo de los protagonistas es una relación de dominación-sumisión, es decir, una relación de consenso que implican el dominio de una persona sobre otra.

No has visto nunca una película como 'Pillion', una historia de amor BDSM: "Es algo muy familiar dentro de una relación con una dinámica muy poco familiar"

En una deliciosa coincidencia, Pillion, que tiene al mejor Skarsgård y a un increíble Melling, es una película que, dentro de un género popular como es la comedia romántica, rompe con las expectativas del espectador. Sobre todo en lo que respecta al personaje de Ray, del que no sabemos ni sabremos nada sobre su pasado. Es curioso cómo el hecho de que no nos pongan en bandeja la esperada revelación sobre quién es él y por qué hace lo que hace, es lo mejor que nos puede pasar como espectadores.

Subversión que refresca el género

Alexander Skarsgård y Harry Melling en 'Pillion' BFI / BBC Films / Element pictures
Alexander Skarsgård y Harry Melling en 'Pillion'

Pillion, de una forma totalmente inesperada, es muchas cosas: tierna, emocionante, sexy, romántica, algo gamberra y muy, muy divertida. La historia arranca cuando Colin acude a un bar a cantar con su coro. Allí, su madre le tiene preparada una cita con otro hombre, pero hay algo que no termina de encajar. Cuando va a la barra, un hombre lanza calderilla. Es Ray, que con solo un gesto de la cabeza le hace entender a Colin que quiere que cuente las monedas. Lo hace. Ha pasado la prueba. Ya está. Colin ha demostrado tener madera de sumiso.

Tras un primer encuentro en un callejón, Colin y Ray inician su relación de dominación-sumisión. Colin se encargará de la compra y la limpieza de la casa de Ray. También le cocinará y estará siempre a su disposición. El sofá y la cama están prohibidas. Para dormir, Colin tiene la alfombra del suelo. En su vida juntos hay momentos bonitos y otros menos. Cada momento sexual tiene sentido y sirve para hacer avanzar la trama. Colin, en todo el tiempo que pasa con Ray, tendrá dudas y también se sentirá pleno. Ray solo dará su brazo a torcer una vez y será el principio del fin.

Para cuando la película termine, Colin no será ningún misterio para el espectador. Sabemos que trabaja poniendo multas de tráfico en un aparcamiento y que su madre, enferma de cáncer, está deseando que se eche novio o, al menos, lo intente. Colin, además, habrá descubierto muchas cosas sobre sí mismo y habrá conquistado espacios antes desconocidos. Pillion es un 'coming-of-age', sí, pero uno que, en su subversión, refresca el género y lo envuelve en un halo de novedad.

Ray, sin embargo, será un completo misterio. Para Colin y para el espectador. Lighton hace algo valiente: el cuerpo te está pidiendo continuamente ese momento tan típico que revele quién es Ray. ¿Está casado? ¿De qué trabaja? ¿Dónde está realmente su casa? ¿Qué piensa de Colin? ¿Por qué mantiene relaciones BDSM? Hay muchas preguntas, pero ninguna respuesta. Es brillante. Cuando Ray desaparece y Colin intenta buscarlo sin dar con él, el golpe de realidad es tan doloroso que traspasa la pantalla. Tiene ese efecto precisamente porque de Ray no sabemos nada. Ahí está el placer de que una película no te dé lo que quieres. Es la recompensa por someterse. Pillion es una experiencia que no quieres que se acabe nunca

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