Aunque Octavia Spencer quería ser actriz, su madre le pidió que persiguiera ese sueño en un segundo plano. Al fin y al cabo no es un sueño sencillo, y no quería rompérselo. Así que Spencer, resignada, empezó a trabajar en el mundo del cine, pero detrás de las cámaras. Por ejemplo, fue becaria en El largo camino a casa, de 1990, y participó en el departamento de casting, concretamente del que elegía a los extras, en películas como El arpa de hierba o Tom and Huck. Poco imaginaba que ese trabajo estaba a punto de darle el éxito.
De elegir actrices a ser actriz
Spencer había sido elegida para el departamento de casting de Tiempo de matar, la película de Joel Schumacher de 1996, pero tuvo la valentía de pedirle al director leer para un papel. Lo hizo, y consiguió el de enfermera, trabajando junto a Sandra Bullock. El año siguiente, convencida de que podía hacerlo, se mudó a Los Angeles con su amigo Tate Taylor. Ambos lo consiguieron: Taylor fue el director de Criadas y señoras, que le valió el Óscar muchos años después, en 2012.
Spencer empezó aceptando todo lo que le vino, haciendo hasta once papeles episódicos en dos años, en series como Malcolm, Expediente X o Chicago Hope. Mientras, en el cine iba llegando todo a cuentagotas, con secundarios (muchas veces sin nombre) en Nunca me han besado, Spider-man o Una rubia muy legal 2. De hecho, hasta que hizo Criadas y Señoras nadie pareció haberse dado cuenta de su talento.
Warner
¿Sabéis eso que dicen de que el Óscar no vale para nada? Bueno, pues no es el caso de Spencer, porque le abrió las puertas de la industria de par en par. Desde entonces ha hecho lo que ha querido, desde Figuras ocultas hasta La forma del agua o Onward. Claro, se sabe todos los secretos de los castings. ¡Así cuaquiera!