Ya sabéis que el deporte en sí no es lo mío, pero me apasiona el cine deportivo; me flipa Rocky, alucino con Evasión o victoria y me pone los pelos de punta el famoso discurso de Al Pacino en Un domingo cualquiera. Pues bien, la película que nos ocupa bebe de ese espíritu épico, pero va mucho más allá porque aquí hablamos, sobre todo, de inclusión. Os hablo de Pioneras: Solo querían jugar.
Dirigida por Marta Díaz (cineasta nacida aquí mismo, en Málaga, en 1982) a quien muchos recordaréis por la comedia Mi querida Cofradía, la directora da un giro hacia un cine más social, pero manteniendo sus característicos toques de comedia y ese gran cuidado por los detalles humanos. La cinta nos cuenta el origen de las primeras mujeres españolas que jugaron al fútbol; mujeres que, como bien indica el título de la obra, simplemente querían jugar en un mundo que consideraba que eso era "solo para hombres".
El guion nos traslada al tardofranquismo, basándose en un hecho histórico fascinante: el primer partido que jugó la selección española femenina de fútbol contra Portugal (que acabó en un ajustado 3-3) en el estadio de la Nueva Condomina en Murcia, en el año 1971. El motor narrativo de la cinta es precisamente ese choque brutal entre la ilusión de las jugadoras y la imposición de una sociedad profundamente machista. En pantalla vemos fielmente reflejado cómo debían enfrentarse a insultos diarios, a sus propias madres mandándolas "a fregar", a las exigencias de la Sección Femenina que las obligaba a ser serviles con sus futuros maridos, e incluso a absurdas teorías de la época que afirmaban que dar patadas a un balón podía afectar a la fertilidad femenina.
Viendo la película es imposible no acordarse de dos grandes producciones: por un lado, de Cuéntame, por la excepcional ambientación de los años 80 y el fiel retrato mental de la época (especialmente en las escenas de peluquería); y por el otro, de Quiero ser como Beckham, por la lucha personal de las chicas por imitar a sus ídolos frente a todo pronóstico.
Como redactor, también debo destacar un par de puntos negativos que restan a la valoración final de la cinta. En primer lugar, tenemos un problema con el reparto de las jóvenes protagonistas. Se nota que están poco curtidas, lo que le da un aspecto un poco plástico y televisivo a la obra, un detalle que resalta aún más cuando las comparas con los auténticos "papelones" que se marcan los siempre brillantes Elena Irureta y Jordi Sánchez.
A pesar de tener partes ficcionadas -algo totalmente necesario en el cine para no aburrirnos- la película triunfa rotundamente donde más importa: en transmitir emoción. Como todo buen cine deportivo, cuenta con un clímax final exagerado y diseñado milimétricamente para ponerte la piel de gallina. Y cuando recuerdas ese cartel que avisa de que todo está basado en un hecho real, la emoción se multiplica, porque comprendes que no estás viendo solo a unas futbolistas, sino la historia de un grupo de valientes mujeres enfrentándose a la sociedad que les tocó vivir.