A sus 65 años, Antonio Banderas es sin ningún tipo de duda uno de los actores españoles más famosos internacionalmente. Nacido en Málaga, Andalucía, en 1960, en su niñez y adolescencia soñaba con ser futbolista profesional, pero una lesión cambió su rumbo y el teatro le ayudó a pasar página con la que había sido su gran pasión. Tras formarse como actor durante varios años y ya convencido de que quería convertirse en actor, Antonio Banderas se mudó a Madrid con 20 años y no tardó en conocer a Pedro Almodóvar, que se fijó en él desde el primer momento en que le vio y, tras comprobar sus dotes artísticas en el teatro le ofreció un papel en la primera película que harían juntos: Laberinto de pasiones. La siguieron siete largometrajes más.
Antonio Banderas no es el verdadero nombre de Antonio Banderas: se lo puso Pedro AlmodóvarA partir de ahí el resto es historia. Antonio Banderas se convirtió en el muso del director de cine manchego justo cuando la carrera de este estaba a punto de entrar en pleno y meteórico ascenso y, aunque al principio tenía que seguir compatibilizando su carrera de actor con otros trabajos, las oportunidades comenzaron a multiplicarse. Cuando Mujeres al borde de un ataque de nervios fue un éxito internacional -fue nominada a Mejor película de habla no inglesa-, Banderas adquirió fama también al otro lado del océano y empezó a hacer contactos y a labrarse una carrera también allí.
Su primer papel fue en Los reyes del mambo tocan canciones de amor en 1992, cuando apenas sabía inglés, y se consolidó con títulos tan famosos como Philadelphia, Entrevista con el vampiro, Desperado y, por supuesto, La máscara del zorro. Su relación y matrimonio con la también actriz Melanie Griffith acabó siendo la guinda en su camino a ser una estrella de Hollywood.
Antonio Banderas: "Era imposible salir a la calle"
Sin embargo, la fama no siempre ha sido una grata experiencia para Antonio Banderas y, de hecho, precisamente hace poco hablaba sobre ello en una extensa entrevista concedida al podcast Ac2ality.
"Fue bonito ser famoso al principio y después se convirtió en una tortura china", responde tajante en la ronda de preguntas rápidas sobre si prefiere la fama o el anonimato.
Más adelante, Banderas matiza un poco más. Según el actor, su fama y la forma en la que la gente le abordaba por la calle ha ido cambiando "dependiendo de las épocas", pero definitivamente ha pasado por momentos en los que apenas podía moverse, especialmente al comienzo de su periodo como estrella de Hollywood. "Una época no podía salir. Toda esa primera etapa de Hollywood, que era Entrevista con el vampiro, El Zorro, El guerrero nº13... todas aquellas películas que salieron todas, que en un periodo de tres o cuatro años... La relación con Melanie y todo aquello, era imposible salir a la calle".
"Al principio era muy reconfortante", recuerda. "Era muy bonito ver que la gente te reconocía. Me acuerdo de un viaje a Tokio y de repente bajarte del avión y no poder llegar al taxi. Y yo diciendo: '¿Pero esto es posible?'. Te das cuenta de la magia y del poder que tiene el cine". Sin embargo, poco a poco descubrió que la fama puede llegar a ser una losa. "Al principio la vanidad está ahí y te gusta que te reconozcan y tal. El problema empezó más tarde. Es bonito a lo mejor vivirlo durante una etapa porque lo has buscado; has buscado el reconocimiento de la gente a la que te diriges cuando trabajas. Pero hay un momento en el que ya dices: 'Uy, esto es una esclavitud".
Y lo peor de todo, para el actor, es que eso te hace cambiar quién eres:
Empiezas a darte cuenta de que pierdes tu intimidad, de que se te juzga de otra manera, de que cualquier cosa que dices tiene un peso extraordinario y entonces empiezas a comportarte de otra manera. Ya se pierde un poco la naturalidad
"El el peligro y el problema de la fama puede estar en que tú en un momento determinado pienses que te ha pasado porque tú eres especial, eres distinto y estás como por encima del resto de los seres humanos, y eso no es verdad", reflexiona, "El poder se te otorga por el medio en el que trabajas. El medio en el que trabajas tiene el poderío de que si las cosas las haces relativamente bien, te va a devolver ese calor de la fama. Pero la fama es un animal muy complejo que hay que saber negociarlo, que te puede arrollar. Ha habido, y hemos visto mucha gente, que han sido totalmente arrollados por la fama y que han sido destruidos por la propia fama que han generado en en un principio".