Tal Ben-Shahar, psicólogo de Harvard, señala que si creciste en los 80 y 90 desarrollaste el "sesgo de llegada": los finales felices tienen la culpa
Sara Heredia
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

Los cuentos de hadas de Disney y los buenos finales de los éxitos familiares han moldeado la mentalidad de toda una generación

Gemini

Si creciste en los 80 y 90, seguramente todo lo que veías en una pantalla terminaba bien. Los cuentos de Disney siempre tenían un final feliz para sus protagonistas, al igual que los éxitos de taquilla como Los Goonies o E.T. el extraterrestre, donde, a pesar de que los personajes pasaban por dificultades, siempre conseguían reunirse con los suyos. Esto ha pasado así siempre. El cine cumplía con esa función de dejar al espectador satisfecho y aliviado al salir de la sala de cine, pero también ha provocado una condición: el sesgo de llegada.

Tal Ben-Shahar, psicólogo de Harvard experto en felicidad, lleva tiempo analizando el mito del "felices para siempre" que tantas veces ha generado la infelicidad y ha concluido en que toda una generación está influenciada por esa falsa creencia de que alcanzar un destino determinado o lograr una meta específica te brindará una felicidad duradera. Lo que muchos olvidan es que, en realidad, la felicidad es un viaje continuo, no un destino final al que llegas y que ya nunca abandonas.

"No es una cuestión de blanco o negro, sino que las historias que escuchamos y las películas que vemos, plasmadas en papel, nos inculcan las historias que llevamos dentro. ¿Qué nos dicen las películas? 'Pasas por dificultades, adversidades, pruebas y tribulaciones, y después de una hora y treinta y siete minutos, estás listo para vivir feliz para siempre", declaró Ben-Shahar en una entrevista con Me-Search.

Es un mito. Nos está desviando del camino correcto porque cuando mi vida se desarrolla de una manera muy diferente a la historia de 1 hora y 37 minutos, empiezo a sentirme incapaz

Si analizas brevemente cualquiera de las películas que veías con asiduidad mientras crecías, te darás cuenta de que hay un patrón: aparecen una serie de problemas que el protagonista debe solucionar, consigue vencerlas y ya es feliz. Lo que muchos olvidan es que este esquema muestra una breve etapa en la vida del protagonista y que volverá a enfrentarse a problemas que le pondrán en un aprieto.

El psicólogo relaciona esta idea con la adaptación hedónica, un proceso psicológico por el cual las personas regresan de manera gradual a su vida habitual incluso después de alcanzar logros importantes. Tras un hito remarcable, llega la sensación de vacío y decepción, lo que proviene de una expectativa irreal de entusiasmo.

El método SPIRE, desarrollado por Tal Ben-Shahar, propone que la felicidad se alcanza cultivando indirectamente cinco elementos esenciales: el bienestar espiritual, que implica encontrar un sentido de propósito y estar presentes; el bienestar físico centrado en el cuidado del cuerpo a través del ejercicio, la nutrición y la recuperación; el bienestar intelectual, que fomenta la curiosidad, hacer preguntas y el aprendizaje profundo; el bienestar relacional, considerado el mayor predictor de la felicidad al dedicar tiempo de calidad a las personas que nos importan y a quienes les importamos; y finalmente el bienestar emocional, que consiste en aceptar las emociones dolorosas al mismo tiempo que se nutren activamente emociones placenteras como el amor, la gratitud y la alegría.

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