Alejandro G. Calvo: "Rodar 'La odisea' en IMAX 70mm para proyectarla recortada es una falta de respeto al cine"
Compartir esta noticia

Ulises, Euríloco, Telémaco, los cantos de las sirenas... es una historia que a mí ya me tenía traumatizado de pequeño con aquella mítica película de Kirk Douglas

Universal Pictures

Christopher Nolan, director nacido en Londres en 1970, es indudablemente uno de los cineastas más importantes del cine contemporáneo. Yo le he defendido prácticamente siempre frente a esa gente que lo odia a muerte por razones que no entiendo, porque su obra cinematográfica es impepinable desde que debutó en largometraje con Following en 1997, o cuando estrenó la magistral Memento en el año 2000. Hablamos, guste o no guste, del director más poderoso de la industria actual. Un hombre con un poder demencial que convierte todos sus estrenos en un evento mayúsculo donde él mismo es el mayor reclamo por encima de las estrellas de Hollywood. Aunque yo a nivel personal disfruto más de Dunkerque, Interstellar, Origen o su trilogía de El caballero oscuro, hay que reconocer que tiene un estilo espectacular y épico que funciona tanto a nivel emocional como visual. Tras triunfar, el tipo se planta y dice: "¿Qué puedo hacer después de haber hecho Oppenheimer? Pues ya solo puedo hacer o la Biblia o la Odisea". Y se marca una adaptación de Homero de 3 horas metiendo partes de la Ilíada para que el relato sea aún más rico.

Fui a ver La odisea ayer a las salas, con muchísima ilusión, siguiendo mi pequeña filia de ir al cine cuando visito ciudades que no son la mía. Como siempre, traté de ir sabiendo lo mínimo posible, sin ver tráilers ni intoxicarme de información. Pero en cuanto empezó la proyección me empecé a rayar y a preocupar muchísimo. Pensaba que la proyección era defectuosa, que la película se estaba saliendo de los márgenes porque me estaban cortando los cogotes de los actores y el plano no estaba bien tirado. Me fijaba y notaba que todo el relato estaba contado rarísimo, centralizado desde el medio del plano cinematográfico, con unos márgenes amputados. Salí del cine muy enfadado, conmocionado, y al investigar descubrí la historia: resulta que Nolan ha rodado esta bestialidad con cámaras IMAX de 70 mm.

Es un formato espectacular, con un ratio de 1.43:1 (mucho más cuadrado y alto que el formato panorámico), pero que en celuloide solo pueden proyectar 30 o 40 cines en todo el planeta Tierra. Si sumamos los cines IMAX GT dual digital que aguantan esa correlación, estamos hablando de apenas 80 o 90 cines en todo el mundo. ¿Qué demonios ha hecho Nolan? ¡Ha hecho una película para que solo la puedan ver bien en 80 cines!. En el resto del mundo vas a ver la obra mutilada. En un cine IMAX normal solo vas a ver un 75% de la imagen. Y si vas a un cine normal de proyección panorámica, el flat de 35 mm estándar al que van la inmensa mayoría de las personas humanas, la imagen se corta y solo ves el 73% del fotograma original ideado por Nolan.

Estamos en 2026 y me tengo que comer una película cortada porque se ha pensado para una minoría de espectadores privilegiados. El lenguaje y el arte cinematográfico se basan precisamente en decidir qué entra y qué no entra en el encuadre. Que el director diga "yo decido qué entra, pero luego ya según el cine se cortará por un lado u otro" me parece demencial, una catetada y una falta de respeto al cine.

Pero voy a dejarme respirar un segundo, olvidar a Nolan y centrarme en el mito. Porque la odisea de Homero inventó en realidad el patrón de las road movies; demostró que no es importante la llegada, sino el trayecto y las dificultades, marcando a obras que van desde Buscando a Nemo hasta Una historia verdadera de David Lynch.

Visualmente la película es una barbaridad. A pesar de que me cuesta un poco entrar en la primera media hora, Nolan arma un poema visual pasando continuamente de planos amplios a primeros planos con la cámara flotante en travelling, recordando la intensidad arrolladora que logró en el arranque de Interstellar o de El caballero oscuro: La leyenda renace. Nolan además abraza por primera vez en su carrera un tenebrismo puramente clásico en el género de aventuras. La aparición de Polifemo, que recuerda brutalmente al tenebrismo de Goya y a su Saturno devorando a sus hijos, es profundamente terrorífica. Y toda la secuencia de la bruja Circe (interpretada por Samantha Morton) es increíble, evocando en sus formas casi a El viaje de Chihiro.

Lamentablemente, sus tres horas de duración dejan ver algunos tropezones narrativos, sobre todo en el acto final. La última pelea está mal contada, con decisiones un tanto absurdas sobre Telémaco y Ulises. No convence nada. Sin embargo, compensa este bajón con un momento espectacular: un monólogo antibelicista final en boca de Odiseo. Es un alegato extemporáneo, escrito por el propio Christopher Nolan y ausente en Homero, donde subraya que hasta las gestas más épicas y brillantes solo llevan a la destrucción del ser humano. Toda guerra, nos dice, solo reparte terror y tristeza a la gente.

En conclusión, creo firmemente que la película tiene valores maravillosos y yo por momentos me lo he pasado realmente bien viéndola. Es apasionante, pero arrastra un problema de formato de base bastante bestia. Mi consejo es que vayáis a los cines a ver La Odisea siendo conscientes de que vais a ver una imagen recortada. Hay más cosas de la industria que me enfadan en todo esto, pero me las guardo porque no quiero amargar a nadie y quiero que seáis felices.

Alejandro G. Calvo
Alejandro G. Calvo
-Director de SensaCine
De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.
Links relacionados