Ahora tiene 62 años y un Oscar y es la descripción gráfica de lo que supone ser una estrella de Hollywood, pero Brad Pitt, como la mayoría de los actores y actrices que llegan a vivir de su profesión, tuvo que vivir unos inicios complicados hasta conseguir la oportunidad que le permitiría abrirse un camino en la industria. En el caso de Pitt esa oportunidad llegó de manos del mismísimo Ridley Scott, quien le brindó un papel en la película Thelma & Louise que, pese a lo pequeño que era, no pasó en absoluto desapercibido.
Solo unos cuatro años antes, Pitt había debutado en pantalla con un pequeño papel episódico en la mítica serie de televisión Dallas y su experiencia se reducía a un puñado de papeles menores en series y películas, algunos de ellos ni siquiera acreditados. Mientras, trataba de mantenerse en Los Ángeles -él es de Shawnee, Oklahoma-, donde se había mudado para dar clases de interpretación y perseguir su sueño de ser actor.
Ser actor no es algo que llegase a Brad Pitt por casualidad. Siempre le llamaron la atención los escenarios y, aunque empezó otros estudios universitarios, finalmente se lanzó a la que creía que era su vocación. Pero siempre tuvo claro que para ello tenía que formarse, algo que valora muchísimo y a lo que ha seguido prestando atención para mejorar su técnica y dar lo mejor de sí en cada personaje.
Eso es algo que se nota, además, en la forma en la que habla de la interpretación no solo como su profesión, sino a la hora de mostrar admiración por otros compañeros de profesión, tal y como el pasado verano compartía en una entrevista con Esquire. Mientras miraba de reojo el fútbol durante su encuentro con el periodista, Pitt se lamentaba de las malas actuaciones que algunos de ellos hacían sobre el campo: "Es una de esas cosas que se aceptan pero que a nadie le gustan; como la actuación de los años cuarenta, cuando las actrices se desmayaban".
Las malas actuaciones me sacan de quicio. Por eso no puedo ver porno
Que derrocha amor por el oficio se nota solo con oírle hablar de cine y de algunos de los actores con los que ha tenido la oportunidad de trabajar. "Dios, qué bueno estuvo en Mátalos suavemente", recuerda sobre su compañero de reparto en James Gandolfini. "Aquella escena del hotel... Sentía como si estuviera viendo a Brando en su mejor momento durante dos días seguidos. Yo era un mero espectador, disfrutando de cada minuto". Y no se olvida de Richard Jenkins, con quien también tuvo la oportunidad de trabajar en aquella película: "También es uno de mis favoritos de siempre. Conecté con él al instante. Nunca defrauda. Es jodidamente divertido".
Por supuesto, no solo admira el talento de otros in situ, sino que su gran pasión es disfrutar del cine también como espectador y asegura que la mayoría de las noches se duerme viendo series. ¿Una que recientemente le ha impactado? El Pingüino, con un Colin Farrell que le tiene dando volteretas: "¿Cómo logras transmitir emociones como él lo hacía con una capa de goma de una pulgada sobre el rostro? Te lo aseguro: es imposible expresar cualquier tipo de emoción, ¡pero él lo conseguía! Y encima con una cojera y teniendo que aguantar las sesiones de maquillaje protésico... eso me vuelve loco".
Ahora, Brad Pitt acaba de estrenar su nueva película, En el corazón de la bestia, en la que comparte protagonismo con un perro y se ha convertido en su nuevo reto interpretativo. "Es una historia de amor", asegura él sobre ella.