TIm Burton ya sabía que Warner Bros no le quería para hacer la tercera parte de Batman, a pesar del éxito de las dos anteriores. ¿El motivo? Estaban un poco decepcionados por el tono oscuro de Batman vuelve, que recaudó 150 millones menos que la original (aún dando muchísimo dinero). Al final, Joel Schumacher cogió los mandos de la saga tras recibir el beneplácito del director (que aparentemente durante una cena le rogó que la hiciera) e hizo Batman Forever, que mejoró los resultados económicos de la anterior y calmó las aguas... aunque pudo haber sido muy diferente.
Los murciélagos producen pesadillas
Schumacher, que originalmente quiso hacer una adaptación de Batman: Año Uno antes de que Warner se la echara por tierra, tomó unas decisiones visuales tan interesantes como arriesgadas, que originalmente formaban parte de una película mucho más oscura donde Bruce Wayne acababa teniendo amnesia y que duraba la friolera de dos horas y cuarenta minutos. La productora no pudo aguantar tal idea y metió tijera allá donde pudo.
Solo pudimos ver años después escenas tan increíbles como esta, en la que nuestro héroe se enfrenta a un murciélago gigante que representa quién es en realidad, y que es un efecto visual práctico de los que ya no se hacen: ahora habría sido CGI chusco. Es grotesca y un poco absurda, pero también apasionante de ver para intentar saber qué habría sido Batman Forever si le hubiesen dado libertad absoluta a su director.
En los últimos años los rumores sobre el lanzamiento del director's cut de esta película han seguido: Kevin Smith llegó incluso a preparar un montaje con las escenas eliminadas incluidas en la película, y se sabe que el metraje aún existe. De momento, lo que todos los implicados están pidiendo a mansalva es el apoyo de los fans: si eso significa ver a este murciélago gigante en pantalla, contad conmigo.