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    Pablo Larraín ('El club'): "Esa proximidad con el cura en las confesiones era algo horrible"
    Por Alejandro G. Calvo — 7 oct. 2015 a las 13:45

    La película del director chileno llega a los cines españoles el 9 de octubre tras pasar por varios festivales.

    El director chileno Pablo Larraín, quien estuvo nominado al Oscar por No, vuelve con El club, una película que fue presentada en la pasada edición del festival de Berlín y que en San Sebastián inauguró la sección Horizontes Latinos. Bajo la atenta mirada de una mujer que los cuida, cuatro sacerdotes fugitivos viven en una pequeña casa de un pueblo costero. Todos ellos cometieron actos que los atormentan y se encuentran en este retirado hogar para olvidar sus pecados. Pronto descubriremos que esa mujer que los cuida es una monja y que la casa sirve de escondite para sacerdotes pecadores.

    ¿De dónde sale El club?
    (Suspira) A ver, hay gente que tiene respuestas muy estudiadas sobre estos temas… a mí… bueno, te diría que me interesa el tema. Estudié en un colegio de curas y allí conocí a gente estupenda. Gente realmente hermosa. Pero también conocí a curas que ahora están en procesos judiciales. Y conocí curas que nunca más vi. Esta película va sobre esos curas. La película de los curas perdidos. Me inquieta que la iglesia tenga un lavadero de curas.

    ¿La iglesia puentea la realidad?
    La iglesia resuelve sus problemas en cónclaves. Cónclave, en latín: “con llave”. Todo cerrado al exterior. Nadie sabe lo que pasa ahí dentro. ¿A quién no le gustaría poder meter una cámara ahí dentro? Profanar esa casa amarilla. Hay una fricción entre el exterior y el interior. Entre la nueva y la vieja iglesia. Entre los que quieren ser cercanos y los que quieren permanecer en las sombras.

    Sin nada de prensa
    Exacto. La Iglesia teme más a la prensa que al infierno. Ellos creen que los miembros de su iglesia deben ser juzgados ante los ojos de Dios, no ante los ojos de civiles. Pero nuestro mundo es laico: ellos deben ir al mismo juez que me juzgaría a mí.

    Desde un punto de vista moral, los protagonistas de El club son deleznables. ¿Eso no resulta un problema a la hora de armar una película?
    No sé si lo conseguí pero yo traté de depositar en la película una mirada compasiva hacia estos personajes. A los espectadores les dejo el espacio para que juzguen esa mirada. Yo jamás diría que mis personajes son deleznables. Yo les veo con amor. Trato de quererlos y de estar cerca de ellos. Si no sería un realizador fascista. ¿Tú estudiaste en un colegio católico?

    Doce años
    Igual que yo. ¿Recuerdas las confesiones? Esa proximidad con el cura. Se podía oler su perfume, su hálito… era algo horrible. Quería que esa proximidad existiera en la película. Así que les ponía la cámara muy cerca, los aplastaba con ella. Y, quieras o no, esa proximidad acaba por provocar empatía. Es algo casi espontáneo.

    La película también nos habla de la impunidad. Algo muy relacionado con la propia historia de Chile
    La impunidad es algo muy poderoso. Lo he trabajado en distintas películas. La impunidad es riesgosa y sumamente humana. La impunidad habla de las estructuras de poder, algo que es tan valioso como peligroso. Lo que está detrás es una élite humana y ellos deciden quién está y quién no está por encima de la ley. Lo que es horrible. Siempre ha habido impunidad en la historia del cine. No es algo exclusivo de los chilenos, ocurre en todas partes. Vos sois español, sabes perfectamente de lo que hablo. En Chile aún hay asesinos que no han sido detenidos y cadáveres que no han sido encontrados. La justicia no existe.

    La violencia que aparece en la película es principalmente psicológica
    Hay que trabajar las expectativas. En esta película el espectador debe completar aquellos huecos que yo dejo de forma deliberada. Cada uno, en función de su experiencia, deberá tratar de dar sentido a la obra.

    ¿Qué importancia le concedes al humor en tu obra?
    El humor relaja el peligro. Hace accesible discursos imposibles. El humor es algo muy interesante, por eso apela a la inteligencia. Convierte lo discursivo en algo directo. Sin humor la mayoría de las películas no se podrían contar. Permite que la gente se ría de cosas que no debería reírse.

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