Netflix estrena este 6 de febrero Salvador, la nueva serie del creador de Patria, Aitor Gabilondo, que promete, como mínimo, crear una conversación debido al tema que trata en los ocho episodios que consta la temporada 1.
La historia sigue a Salvador (Luis Tosar), un padre y técnico de emergencias sanitarias que descubre que su hija, Milena (Candela Arestegui), pertenece a un grupo ultra llamado los White Souls, del que también forma parte Julia (Claudia Salas). La búsqueda de respuestas a raíz de una noche que cambiará su vida para siempre hará que se vea envuelto en una frenética espiral de violencia y caos.
Con motivo de su estreno, SensaCine ha podido hablar con Luis Tosar y Claudia Salas sobre cómo han podido trabajar perfectamente en la ambigüedad de sus personajes, en su trabajo de investigación o cómo la serie roza casi el documental por los temas que tratan.
¿Qué opináis que Salvador parezca más una serie documental que una de ficción con todo lo que está ocurriendo en estos momentos con la extrema derecha en plena alza entre los jóvenes, la manipulación de las redes sociales...?
Luis Tosar: Es una ficción pura y dura. Entiendo que el lenguaje a veces puede recordar a ello, pero no es un documento ni tampoco pretendía serlo. Pretendía ser desde el inicio, desde el más puro inicio, un documento de ficción anclado, eso sí, en la realidad, anclado en los elementos que fueran muy claramente reconocibles para el espectador, pero tratar de jugar además los elementos de ficción a favor para que el espectador pueda sentirse identificado con eso. Es decir, no establecer la distancia que podría tener un documental, sino justamente implicar emocionalmente al espectador con una serie de personajes que funcionan como carne y hueso, que tienen una serie de tesituras muy concretas y que pasan por unos conflictos morales, éticos e ideológicos que son muy complejos.
Claudia Salas: Sí, la verdad que en primer lugar gracias por el piropo, porque creo que para un intérprete que te digan que casi es un documental es el mejor piropo que te pueden echar, que llegue con tanta verdad y con tanta verosimilitud al espectador que parezca que no estás interpretando nada, o sea, que gracias de verdad, pero creo que eso se debe a un trabajo de fondo de documentación, de respeto, de fidelidad, de entrega al personaje, a entenderle, a profundizar en lo que le pasan las consecuencias que tienen este tipo de organizaciones. Pero efectivamente es una ficción que está muy documentada. Entonces, lo que te ha pasado puede pasar y es de verdad que es bueno, es otra visión: Pero sí, al final no se está hablando de un grupo en concreto, no se está hablando de una organización en concreto. Es una historia que recoge muchas, y el trabajo que hemos hecho creo que ha sido tan de las entrañas que me alegro mucho que haya llegado así.
Hablando de la documentación, ¿Qué trabajo de investigación habéis tenido?
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L: Hemos tenido un montón de asesores en el tema médico. Hemos tenido un asesor a mano que ha estado presente toda la serie, incluso en la grabación: nuestro hermano Víctor, que ha sido además una figura muy importante, es una persona que ya está ocupando con su experiencia un lugar que es difícil de gestionar, que es el asesoramiento realista, digamos, en términos médicos, pero que llegue a un compromiso suficientemente práctico con la ficción para que eso genere un interés en el espectador y narrativamente las escenas funcionen, Entonces, para nosotros, por ejemplo, lo de Víctor ha sido una figura clave porque ha dinamizado muy bien todas estas escenas en las que uno tiene que, pues eso, conseguir ese lugar en el que contemos que parezca que es de verdad, pero al mismo tiempo que rule la escena, porque si no estaríamos horas contando una cosa que dura muchísimo tiempo. Eso fue una de las cosas. Luego, evidentemente, cosas que yo tenía que trabajar de antemano, que ya había trabajado en otras producciones y que tiré un poco ahí de documento que tenía con el tema de las adicciones, alcohólicos anónimos, ludopatía, bueno, cosas varias y luego ya el propio trabajo, digamos, de investigación de nuestros personajes, en concreto, lo que pasaba en la propia serie. Y luego ya con respecto al mundo, digamos, de mundo neonazi ultra, basta que uno encienda el ordenador y ya te haces tu documentación, está al alcance de todo el mundo.
C: Sí, yo creo que es muy romántico, ¿no?, cuando un actor o una actriz te cuenta que se metió tanto dentro del personaje que lo involucró y de alguna manera lo introdujo en su vida y vivió un mes como esa persona. En mi caso, siento defraudarte, pero no. Yo no soy una actriz que trabaje desde ese método tan puro porque cada uno tiene sus técnicas y yo al final pues siempre intento construirlo desde la parte más exterior. Y efectivamente, la documentación está al alcance de todo el que quiera meterse en su ordenador, que todo el mundo tenemos, o en el bolsillo, que lo que tenemos es un ordenador también que tienes mil posibilidades y mil puertas para informarte, y no hubo ninguna conversación con nadie que perteneciera a esto. Sí que hubo mucha documentación, efectivamente, que ya nos llegó y luego bueno, pues al final también un trabajo colectivo en general de todo el equipo, de poner todos al servicio de la obra.
Uno de los aspectos que más me enganchó también de Salvador es cómo trabajasteis la ambigüedad de vuestros personajes. El segundo capítulo se llama 'Sentimientos encontrados' directamente.
L: Bueno, yo creo que el ser humano es ambiguo por naturaleza, o sea. No creo que haya que hurgar mucho para para encontrar la ambigüedad. Yo creo que uno tiene sentimientos contradictorios desde que se levanta. Por lo menos yo lo siento así y tengo la sensación de que el ser humano se maneja en eso permanentemente. Y aparte, con los estímulos que uno recibe en el día a día, pasas de sentimientos encontrados a los opuestos. Pasas de la rabia a la felicidad en 3 segundos. Sobre todo cuando desgracias como las que ocurren estos días, de repente no te puedes creer lo que estás viendo. Al mismo tiempo, una imagen te devuelve la confianza en el ser humano. Creo que esto es permanente. Entonces es sentirse un poco a sí mismo y ver que los personajes escritos también pueden ser así, que sean susceptibles. A veces el ejercicio es dejarlos fluir en ese sentido. Que igual no está tan escrito, pero tú tienes que intentar encontrarle esa doble vertiente.
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C: Sí, yo creo que, por por añadir algo, porque es que está absolutamente contestada, quitar el juicio creo que es primordial para empezar a trabajar un personaje como los que tenemos. Y eso se puede eso traspolar. Quiero decir, al final esta serie pretende eso: pretende que sin el juicio, una mirada crítica, una denuncia crítica, intentar crear diálogo. Y el diálogo no puede existir si tú tienes el juicio en la cabeza frente al que tienes, porque no va a haber una conversación fluida, no va a haber algo orgánico, va a haber tu juicio mirando a esa persona. Entonces, creo que eso era bastante significativo e importante para todos. El director a la hora de dirigir, el escritor a la hora de crear esto, de nosotros a la hora de interpretar y dar nuestra esencia a los personajes. Entonces, cuando trabajas desde la verdad y desde el entender sin el juicio, fluye de esa manera.
Bueno, ya para terminar, ¿con qué mensaje queréis que el espectador se quede tras terminar Salvador?
L: mi deseo sería que la gente le entrasen ganas de charlar, por lo menos. Sí, ganas de hablar, dialogar, de comunicarse, o por lo menos de interesarse qué está pasando en la casa de al lado.
C: Sí. y de quitar un poco el egoísmo, mirar un poco dentro: qué estamos haciendo como personas individuales a esta colectivo, qué puedo aportar o qué estoy haciendo que puedo revisar. Si eso surge, yo ya encantada.