Tras el lanzamiento del anime de Pokémon y su éxito posterior, no fueron pocos los que se pusieron frontalmente en su contra con los argumentos más peregrinos posibles. Pero si viviste la época, hay uno que probablemente leíste por activa y por pasiva (a pesar de que en España apenas tuvo seguimiento): era una serie satánica que atraía a los niños a invocar demonios. La realidad es otra, por supuesto, pero en Estados Unidos estaban tan convencidos que creían encontrar incitaciones a adorar a Satán donde no había más que un borrón.
Hazte con Satán
Los más dedicados a la religión como inicio y fin de todo lo tenían muy, muy claro: si en Pokémon todo se basaba en capturar criaturas para hacer que evolucionaran, eso significa que creían en Charles Darwin y, por tanto, eran anti-cristianos y diabólicos. Para sustentarse en su tesis, muchos rememoraron de libros de demonología clásicos que listaban demonios y hablaban sobre cómo invocarlos y traerlos a la vida: por lo que sea, en el Necronomicón no se hablaba de Pokéballs, pero no vamos a arruinar una locura perfectamente diseñada.
A raíz de este punto de partida (Pokémon es diabólico), se expandió como la pólvora que, en el Pokérap, si pones al revés la parte en la que cantan "Hazte con todos los Pokémon" (en inglés "Gotta catch'em all, Pokémon") se escuchaba claramente "Te amo, Satán" ("I love you, Satán"). No os preocupéis, ya lo he escuchado yo por vosotros, para evitar que os pase nada, y lo que suena es algo similiar a "All shashkushashku na". Si aparece Satán en mi casa mañana para desayunar, os aviso.
La tontería llegó tan lejos que la mismísima televisión del Vaticano, en la era de Juan Pablo II, se vio obligada a defender el anime, el juego de cartas y los videojuegos, afirmando que estaba "lleno de inventiva imaginación", "sin efectos secundarios que hagan daño a la mente" y que, además, basaban sus episodios en "una intensa amistad". Durante los años, la leyenda urbana ha cambiado y se dice que fue el propio Papa el que hizo una encíclica a favor de Pokémon, pero la realidad, como la de quien quiere escuchar "Amo a Satán" en el Pokérap, no es como la pintan.
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