Siempre la palabra exacta
por Andrea Zamora
El cine de Richard Linklater es cotidiano, un adjetivo tan ordinario en el que está, precisamente, el secreto de sus películas: historias de gente de a pie que, bajo su visión, se convierten en algo fascinante. Su trilogía de Antes de… (1995 - 2013) transformó una relación romántica en algo ordinario pero mágico, su Escuela de Rock (2003) fue un canto a la música, su Boyhood. Momentos de una vida (2014) es un ejercicio sobre el salvaje y natural paso del tiempo y su Hit Man. Asesino por casualidad (2023) guarda el mejor secreto para una relación duradera: encontrar a esa persona que esté "igual de jodida que tú”. Después de crear estas pequeñas, pero enormes joyas -lo de Linklater es un oxímoron cinematográfico- coge una tarde en la vida de Lorenz Hart, uno de los mejores letristas de la historia y la convierte en el resumen de toda una vida. Blue Moon es un 'biopic' que consigue romper con la agotadora fórmula del género. Linklater firma un delicioso filme que es una clase magistral de interpretación de Ethan Hawke.
Blue Moon se ambienta unos meses antes de la muerte de Hart en noviembre de 1943 por neumonía. Linklater arranca su historia la noche del debut de Oklahoma!, un nuevo musical creado por Richard Rodgers, el antiguo colaborador de Hart. Una vez terminado el espectáculo, Hart acude al restaurante Sardi's, lugar en el que se celebra el estreno del musical. Allí, el letrista va hablando con los personajes que se cruzan con él: desde un camarero hasta un pianista, pasando por el escritor E. B. White. No solo ha ido a Sardi's para felicitar a Rodgers, sino también para encontrarse con Elizabeth Weiland, una joven estudiante de Yale que le tiene fascinado y que aspira a ser diseñadora de producción.
Sony Pictures
Linklater convierte a Hart en el protagonista absoluto del filme, siguiéndole por las diferentes zonas del restaurante a medida que va hablando con los allí presentes. Locuaz, cínico e inteligente, siempre tiene la palabra exacta y correcta. Porque Blue Moon es también un estupendo ejercicio de monólogo en verbo, en imagen y en sonido. Robert Kaplow firma el guion que Linklater traslada a la gran pantalla y que Hawke interpreta. Las tres partes de la película están conectadas a la perfección. Pese a lo reducido del espacio y el poco número de personajes, Blue Moon tiene muy buen ritmo. La propuesta de Linklater atrapa con sus diálogos y no te suelta.
Hart es tan protagonista de la película de su vida que es él el que se encarga de ir pintando los rincones del Sardi's. Solo cuando él presta atención a alguien, este cobra vida. Solo cuando él va a algún lugar nuevo, este existe.
Hawke está perfecto como Hart, pero también Andrew Scott como Rodgers, Bobby Cannavale como el camarero Eddie y Margaret Qualley como Elizabeth Weiland. Aunque el gran peso recae sobre Hawke, hay generosidad en el actor y en Linklater como para que, cuando alguno de ellos entra en acción, la balanza se equilibre. Hawke es la gran estrella y quien lleva la batuta, pero se la presta y la comparte con sus compañeros. El actor, además, consigue una interpretación difícil: ser creíble pese a lo ridículo de su aspecto. En su inmensa vanidad, Hawke es capaz de dejar algunas grietas por las que pasan la vergüenza, el bochorno, los celos y la envidia.
Blue Moon es un trabajo muy fino en lo que respecta a interpretaciones y diálogos. Otra película de Linklater que demuestra que las historias mundanas pueden contarse de forma diferente y especial.