Pillion
Críticas
5,0
Obra maestra
Pillion

El cine es un acto de sumisión

por Andrea Zamora

En 2022, Jane Campion dijo algo sobre le cine que no he podido quitarme de la cabeza: "Es una especie de sumisión, ¿no? A algo más grande que uno mismo". La directora, que ese año estaba nominada al Oscar por El poder del perro (2021), un wéstern protagonizado por Benedict Cumberbatch, participaba en una mesa redonda junto a otros cineastas. Guillermo del Toro añadió: "Esa es la diferencia, porque creo que la tele te obedece y tú obedeces al cine". Kenneth Branagh comentó: "Ver primeros planos masivos de rostros en el cine me hace sentir diferente sobre la condición humana. Al verlo del mismo tamaño que yo, entonces puedo ponerme a hervir el agua". Cuando escuché esas palabras, muchas cosas cobraron sentido. En concreto, lo que dijo Campion cambió la forma en la que concibo el cine.

Leer la crítica completa de Pillion: El cine es un acto de sumisión: 'Pillion' y el placer de que una película no te dé lo que esperas

El cine, el que se experimenta en una sala, es, en efecto, una forma de rendición. Supone entregarse a la historia que un grupo de personas ha construido. Durante un rato, aceptas que tus emociones dependan de una sucesión de imágenes y sonidos. Y aquí la palabra "aceptar" es clave: el poder lo tiene el espectador, que decide dejar de resistirse y entregarse a la narración. Hay películas en las que resulta muy sencillo abandonarse porque siguen fórmulas que conocemos bien y hemos recorrido muchas veces. Otras, en cambio, exigen más del espectador, pero precisamente por eso resultan más estimulantes. A veces, el verdadero placer está en que una película no te dé exactamente lo que esperas. Como ocurre con Pillion.

El mejor Alexander Skarsgård

Harry Melling y Alexander Skarsgård en 'Pillion' BBC Films / BFI / Element pictures
Harry Melling y Alexander Skarsgård en 'Pillion'

La película es la adaptación que dirige Harry Lighton de la novela Box Hill de Adam Mars-Jones. La historia se centra en Colin (Harry Melling), un hombre tímido e ingenuo que conoce a Ray (Alexander Skarsgård), un enigmático motorista con quien inicia una relación de dominación-sumisión.

De manera casi irónica, Pillion, tiene al mejor Skarsgård y a un increíble Melling, se inscribe en un género tan popular como la comedia romántica, pero lo hace desafiando continuamente lo que el espectador espera. Esto se nota especialmente en el personaje de Ray, del que nunca llegamos a saber nada sobre su pasado. Lo curioso es que el hecho de que la película no nos entregue esa revelación típica sobre quién es o por qué actúa como lo hace termina siendo uno de sus mayores aciertos.

Pillion, de una manera sorprendente, combina muchas cosas: es tierna, emocionante, sexy, romántica, algo gamberra y muy, muy divertida. Al terminar la película, Colin deja de ser un enigma para el público y para él mismo. Descubre aspectos de sí mismo que desconocía y se atreve a ocupar espacios emocionales nuevos. La película es un 'coming-of-age' que revitaliza el género gracias a su carácter subversivo y su sensación de novedad.

Ray, en cambio, permanece completamente envuelto en misterio, tanto para Colin como para el espectador. Lighton toma una decisión arriesgada: el cuerpo te pide constantemente ese momento típico en el que la historia revela quién es realmente Ray. ¿Está casado? ¿A qué se dedica? ¿Dónde vive de verdad? ¿Qué siente por Colin? ¿Por qué mantiene relaciones BDSM? Las preguntas se acumulan, pero nunca llegan las respuestas. Y ahí reside la brillantez de la propuesta. Cuando Ray desaparece y Colin intenta encontrarlo sin éxito, el golpe de realidad resulta devastador y atraviesa la pantalla. Precisamente porque no sabemos nada de él. Ese es el placer de cuando una película se niega a darte lo que esperas. Es la recompensa de haberte entregado a ella. Pillion es una experiencia que no quieres que se acabe nunca

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