Monstruo viejo, pesadilla nueva
por Andrea ZamoraCada X años alguien trae de vuelta algo del pasado. Es una práctica habitual en el cine, como una novia que se acerca al altar con algo prestado o/y viejo. En ocasiones, ese regreso es más una copia. En otras, la tradición es solo un punto de partida, una muleta o un eco. La momia de Lee Cronin entra en este último grupo. El director, cuyo nombre se cuela en el título de la película para diferenciarlo de la saga de aventuras liderada por Brendan Fraser y Rachel Weisz que también regresa a los cines próximamente, ha cogido un concepto y lo ha reformulado y modernizado.
Lo único que tiene en común esta La momia con el monstruo clásico de Boris Karloff y Christopher Lee o las versiones más aventureras del director Stephen Sommers es eso: la figura de alguien momificado, ese algo prestado, ese algo viejo. La película de Cronin se hace la pregunta de qué pasaría si la práctica de la momificación se hiciera ahora y por qué. Ese por qué es el secreto de la trama, la razón detrás de que una niña llamada Katie aparezca dentro de un sarcófago ocho años después de su desaparición.
Así arranca La momia de Lee Cronin, con la familia protagonista, los Cannon, en Egipto. El padre, Charlie, es reportero y está trabajando en el país de Oriente Medio esperando que le den un nuevo puesto en Nueva York. Las cosas no salen como esperaban: su hija desaparece y al clan le toca cambiar sus planes. Los Cannon se mudan a Nuevo México para vivir a casa de la madre de Larissa, la matriarca de la familia. Ocho años después, reciben una llamada: Katie ha aparecido. Lo que traen de vuelta a casa es caos, gore, muerte, sangre, vísceras, terror, miedo e incomodidad.
Warner Bros.
La momia de Lee Cronin es pícara y brillante a la hora de combinar un drama familiar y una historia de detectives. Larissa, la madre de la familia Cannon, está interpretada por Laia Costa. Alabar a la actriz es como decir que el fuego quema y el agua moja porque siempre hay una cosa segura en el audiovisual: Costa siempre cumple con brillantez. Es ella la que asienta la parte familiar del filme y es ella la que mira hacia el futuro en el clan en contraposición con Charlie, el padre, a quien da vida un correcto Jack Reynor que promueve la parte más de suspense. Es en esta donde el filme se vuelve más atractivo, con la detective interpretada por May Calamawy liderando la investigación.
Aunque su premisa es atractiva y apuesta por una idea original, La momia de Lee Cronin no deja de caer en los clichés del 'blockbuster' del terror y flojea en sus momentos más resolutivos. Una propuesta interesante, pero que se vuelve algo plomiza cuando se centra en la parte familiar. Eso sí, el filme hará las delicias de los fans del gore, pues es muy carnal en el sentido más literal de la palabra. Hay mucha piel, una que momifican, que se arranca a tiras, que se pudre y deforma, que sangra, se arranca y vomita y por la que reptan insectos de todo tipo. Para todos los demás, la cosa resultará desagradable y repulsiva.
Cronin es capaz, no solo de incomodar, sino de ir un poco más allá de lo molesto para el espectador. Es muy detallista y los encuadres con objetos en primerísimo primer plano y la acción transcurriendo en segundo es una de las firmas que deja en este filme. Funciona a nivel de sensaciones. Cronin sabe manejar los elementos para crear atmósferas tensas que impactan en su resolución. Sabes que algo malo va a ocurrir, pero el cineasta pisa un poco más fuerte de lo que esperabas.
Con esta La momia, Cronin ha ido hasta el altar de los monstruos clásicos con algo prestado y viejo y lo ha transformado en algo nuevo.