La otra madre
Críticas
2,5
Regular
La otra madre

¿Pennywise, eres tú?

por Tomás Andrés Guerrero

A veces un espectador sale del cine con esa sensación de que no sabe si le ha gustado una película o no, y es precisamente lo que ocurre con La otra madre. El director Rob Savage que irrumpió con el genial experimento pandémico titulado Host, aborda ahora una adaptación cinematográfica de una novela. La película cabalga entre el género puro y una pesadilla 'lynchiana' pero no acaba de funcionar por ningún sitio y se queda en un ejercicio de género funcional y entretenido, pero que se ve lastrado por un guion irregular y reglas argumentales confusas.

La trama arranca de manera directa presentando a Bela, una niña de siete años atrapada en las sutiles tensiones matrimoniales de sus padres, Ursula y Russ. La pequeña comienza a recibir las siniestras visitas de una entidad demoníaca que adopta la apariencia exacta de su progenitora y a la que bautiza como "La otra madre". Esta presencia exige repetidamente a la niña que la deje "entrar en su corazón" para supuestamente protegerla. Hay un primer 'shock 'al espectador en la película que aumenta las expectativas: los padres son testigos directos de la criatura desde los primeros compases, pero, sin embargo, uno tiene una sensación constante de 'déjà vu' de estar viendo de nuevo el It de Stephen King -que los Muschietti adaptaron hace unos años- pero sin estar a la altura.

Jessica Chastain se ha volcado en el proyecto sin reservas ni condescendencia, componiendo dos facetas contrapuestas con enorme solvencia. Por un lado, retrata con frialdad y matices a una madre absorbida por el trabajo y distante en lo afectivo; por el otro, se transforma en un monstruo verdaderamente inquietante. En las escenas en las que comparte una sonrisa rígida y enloquecida dota a la criatura de una presencia terrorífica, pero tampoco consigue levantar un filme tan extraño.

Savage demuestra nuevamente su soltura para orquestar secuencias inquietantes y momentos de elevado gore. Es una película que cabalga entre un pretendido tono gótico y momentos sangrientos bien rodados que harán las delicias de los aficionados al terror comercial, pero dudo que con el conjunto salgan del todo satisfechos de la sala. La puesta en escena logra extraer cierta tensión de espacios tan cotidianos como una cocina moderna o una piscina de bolas, buscan un dinamismo a un relato que busca no dar tregua al espectador.

Sin embargo, los problemas de la producción afloran rápidamente en su tono y en la construcción del relato. Existe una evidente desconexión entre la perspectiva infantil de la historia y su envoltorio violento. El guion intenta mantener la mirada inocente y simplificada de la niña para abordar el divorcio y los traumas familiares, pero lo combina de forma chocante con un festival de mutilaciones y gore explícito, del que no todos los cineastas pueden salir airosos.

Esta mezcla provoca que la cinta queda atrapada en un territorio ambiguo: resulta demasiado simple en sus temas para un público adulto, pero demasiado salvaje e intensa para un espectador más joven y su mensaje es sumamente confuso (por momentos parece una película profundamente moralista). Las propias reglas de la criatura se vuelven difusas e incoherentes con el paso de los minutos; resulta difícil comprender por qué un demonio que busca ganarse el afecto de una niña para que le abra las puertas de su corazón insiste en manifestarse de formas tan grotescas y aterrorizar sistemáticamente a su entorno, aunque su apariencia y los FX son aterradores y el filme funciona por ese lado.

Por último, el trasfondo dramático sobre los problemas de pareja y el peso de la maternidad se aborda de manera muy confusa, reduciéndose a explicaciones apresuradas en el tramo final. Savage confunde el que el espectador salga de la sala como sucedía por ejemplo con Backrooms -haciéndose preguntas en torno a las cuestiones que plantea- con no saber lidiar con el tono ni lograr su objetivo. El clímax abandona la sutileza psicológica para volcarse en un espectáculo de efectos especiales estruendoso y convencional, cambiando el tono oscuro y perturbador del material original por una resolución de pasaje del terror bastante trillada que incluso parece una reivindicación de la familia tradicional.

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