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Los ojos chico.
Tú+Yo - Solos contra todos intenta vender intensidad donde apenas hay sustancia. Parte de dos jóvenes obligados a colaborar, añade diferencias sociales, secretos, una atracción supuestamente irresistible y una amenaza externa para complicarlo todo. El problema es que casi nada consigue parecer espontáneo. Desde muy pronto tuve la sensación de estar viendo una suma de ingredientes escogidos porque “tocan” en un romance juvenil, no porque la historia los necesitara.
La película quiere que Alma y Vadim parezcan dos personajes capaces de desafiar su entorno, pero el guion los trata más como piezas de una fórmula que como personas. Ella tiene una vida aparentemente perfecta pero esconde su verdadera vocación; él aparece como el chico rebelde, distante y herido que inevitablemente terminará mostrando otra cara. No hay nada malo en utilizar arquetipos, pero hace falta darles personalidad. Aquí casi todo llega ya empaquetado.
La relación entre ambos tampoco me funcionó. El choque inicial, la cercanía progresiva y la atracción están escritos con una mecánica demasiado visible. En lugar de sentir que dos personas van descubriéndose, veía al guion empujándolas continuamente hacia donde ya sabemos que tienen que llegar. Esa previsibilidad podría perdonarse si hubiera verdadera química o diálogos especialmente buenos, pero a mí no me bastó.
La universidad y el proyecto cinematográfico podrían haber dado bastante más juego. Incluso hay momentos visualmente cuidados y la fotografía está por encima de lo que me produjo el resto de la película. Pero el mundo académico termina pareciendo fundamentalmente un decorado atractivo para colocar el romance, en lugar de un espacio vivo capaz de generar conflictos interesantes por sí mismo.
Luego está la acumulación de secretos, sospechas, obstáculos y amenazas. En teoría deberían aumentar la tensión; en la práctica me parecieron cada vez más artificiosos. La película va añadiendo problemas sin conseguir que ninguno pese de verdad. Es como si confundiera complicar el argumento con hacerlo más interesante.
Ese es quizá su mayor defecto: no sabe muy bien qué quiere ser. Romance juvenil, drama familiar, historia de vocación, intriga, conflicto de clase, relato universitario… Hay un poco de todo, pero casi nada llega a desarrollarse con suficiente fuerza. En vez de enriquecerse con esa mezcla, el conjunto acaba dispersándose.
Vittoria Di Savoia y Lucas Barski hacen lo que pueden con personajes escritos para cumplir funciones muy concretas. No me parecieron desastrosos, y de hecho hay momentos en los que la interpretación tiene más naturalidad que el propio guion. Pero es difícil generar emoción cuando la película coloca constantemente nuevas barreras solo para poder retirarlas después.
También me molestó esa sensación tan habitual en algunas producciones juveniles actuales de estar diseñadas a partir de una plantilla. Todo parece reconocible antes de ocurrir: el rebelde incomprendido, la chica que busca su verdadera identidad, la familia que espera otra cosa de ella, la conexión inesperada, el peligro que amenaza con separarlos. No basta con combinar clichés para construir una historia.
Y lo peor es que tampoco me divirtió. Una película puede ser tontorrona y funcionar si tiene gracia, ritmo, química o desparpajo. Aquí la acumulación de giros y conflictos terminó produciéndome aburrimiento. Lo que debía ser intenso me parecía ridículo; lo que debía ser romántico me parecía prefabricado; lo que debía intrigarme me daba bastante igual.
Reconozco que técnicamente no es una catástrofe. Está bien fotografiada, tiene una producción correcta y no parece una obra hecha sin medios. Precisamente por eso el resultado me frustra más: hay una envoltura bastante pulida alrededor de una historia que me pareció hueca.
Tú+Yo - Solos contra todos me ha parecido una chorrada, una tontería, un truño y una enorme pérdida de tiempo. No porque el romance juvenil sea un género menor, sino porque aquí casi todo me resultó artificial, previsible y sin peso emocional. Puede tener acabado, caras atractivas y una fotografía cuidada, pero nada de eso compensa un guion que parece avanzar por obligación. Para mí, uno de esos casos en los que la forma intenta disimular que debajo hay muy poco.
La película quiere que Alma y Vadim parezcan dos personajes capaces de desafiar su entorno, pero el guion los trata más como piezas de una fórmula que como personas. Ella tiene una vida aparentemente perfecta pero esconde su verdadera vocación; él aparece como el chico rebelde, distante y herido que inevitablemente terminará mostrando otra cara. No hay nada malo en utilizar arquetipos, pero hace falta darles personalidad. Aquí casi todo llega ya empaquetado.
La relación entre ambos tampoco me funcionó. El choque inicial, la cercanía progresiva y la atracción están escritos con una mecánica demasiado visible. En lugar de sentir que dos personas van descubriéndose, veía al guion empujándolas continuamente hacia donde ya sabemos que tienen que llegar. Esa previsibilidad podría perdonarse si hubiera verdadera química o diálogos especialmente buenos, pero a mí no me bastó.
La universidad y el proyecto cinematográfico podrían haber dado bastante más juego. Incluso hay momentos visualmente cuidados y la fotografía está por encima de lo que me produjo el resto de la película. Pero el mundo académico termina pareciendo fundamentalmente un decorado atractivo para colocar el romance, en lugar de un espacio vivo capaz de generar conflictos interesantes por sí mismo.
Luego está la acumulación de secretos, sospechas, obstáculos y amenazas. En teoría deberían aumentar la tensión; en la práctica me parecieron cada vez más artificiosos. La película va añadiendo problemas sin conseguir que ninguno pese de verdad. Es como si confundiera complicar el argumento con hacerlo más interesante.
Ese es quizá su mayor defecto: no sabe muy bien qué quiere ser. Romance juvenil, drama familiar, historia de vocación, intriga, conflicto de clase, relato universitario… Hay un poco de todo, pero casi nada llega a desarrollarse con suficiente fuerza. En vez de enriquecerse con esa mezcla, el conjunto acaba dispersándose.
Vittoria Di Savoia y Lucas Barski hacen lo que pueden con personajes escritos para cumplir funciones muy concretas. No me parecieron desastrosos, y de hecho hay momentos en los que la interpretación tiene más naturalidad que el propio guion. Pero es difícil generar emoción cuando la película coloca constantemente nuevas barreras solo para poder retirarlas después.
También me molestó esa sensación tan habitual en algunas producciones juveniles actuales de estar diseñadas a partir de una plantilla. Todo parece reconocible antes de ocurrir: el rebelde incomprendido, la chica que busca su verdadera identidad, la familia que espera otra cosa de ella, la conexión inesperada, el peligro que amenaza con separarlos. No basta con combinar clichés para construir una historia.
Y lo peor es que tampoco me divirtió. Una película puede ser tontorrona y funcionar si tiene gracia, ritmo, química o desparpajo. Aquí la acumulación de giros y conflictos terminó produciéndome aburrimiento. Lo que debía ser intenso me parecía ridículo; lo que debía ser romántico me parecía prefabricado; lo que debía intrigarme me daba bastante igual.
Reconozco que técnicamente no es una catástrofe. Está bien fotografiada, tiene una producción correcta y no parece una obra hecha sin medios. Precisamente por eso el resultado me frustra más: hay una envoltura bastante pulida alrededor de una historia que me pareció hueca.
Tú+Yo - Solos contra todos me ha parecido una chorrada, una tontería, un truño y una enorme pérdida de tiempo. No porque el romance juvenil sea un género menor, sino porque aquí casi todo me resultó artificial, previsible y sin peso emocional. Puede tener acabado, caras atractivas y una fotografía cuidada, pero nada de eso compensa un guion que parece avanzar por obligación. Para mí, uno de esos casos en los que la forma intenta disimular que debajo hay muy poco.
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