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    El Aura
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    El Aura

    Un thriller poco usual

    por Israel Paredes

    En El aura, última película de Fabián Bielinsky, nos encontramos ante un thriller que intenta no serlo. El cineasta argentino conjuga en la película todas las referencias posibles (Lynch, Hitchcock, De Palma, y un largo etcétera) de tal manera que son tan perceptibles como invisibles. Es decir, Bielinsky parte de unos modelos cinematográficos y de una historia bastante sencilla para construir una película que conscientemente se aleja de todos sus referentes para alzarse como una obra única, diferente, discutible pero inquietante. Bielinsky opta por un estilo hipnótico, casi etéreo, en el cual el espectador debe introducirse (más que observarlo) para apreciar el trabajo visual del cineasta: este propone una experiencia sensorial a partir de unos parámetros argumentales más o menos tradicionales o convencionales (la trama criminal) a través de un trabajo visual basado en una atmósfera agobiante, densa, sombría. No cabe duda del minucioso trabajo de Bielinsky para otorgar a cada imagen de 'El aura' de un sentido, de una emoción, de una idea, mediante una planificación tan excelente como su montaje. Es de suponer que, además, el cineasta argentino asumió que su película podría resultar molesta e irritante a más de un espectador en su intento de construir un "noir" cuya base cinéfila se basa más en las afinidades del director que en el escrupuloso respeto a unos códigos de género que Beilinsky trabaja de tal modo que acaba desfigurándolos para poder manipular el material a su antojo. Y al final, nos queda una película oscuramente absorbente, extrañamente estimulante. No la entendemos el todo, pero nos fascina. Pero también nos resulta excesiva, pedante, casi una tomadura de pelo. Pero es en el punto intermedio, en ese punto que no se decanta a ninguno de los dos extremos, en donde nos situamos para contemplar una obra diferente que, tan solo por eso, merece la pena explorar al menos una vez. Aunque sea para odiarla.

    Lo mejor: la puesta en escena de Bielinsky, su apuesta por el sonido y la imagen por encima de la palabra.

    Lo peor: que lo anterior puede alejar a muchos espectadores.

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