En realidad, no es tan buena.
Vuelvo a ver 'Scream' por tercera o cuarta vez y no por entusiasmo, sino como preparación ante la última parte estrenada recientemente en febrero de 2026. Me gusta prepararme para lo que viene después, para una séptima entrega de la que estoy seguro me exigirá memoria, cualidad de la que carezco por desgracia. Y para mi sorpresa, esa repetición no es neutra. Está contaminada inevitablemente por la personalidad tan caracterizada de 'Scary Movie', porque en mi cronología personal, vi por primera vez la parodia. La burla previa al respeto. Luego claro que viendo las escenas de forma tan seria me pregunto que cuándo soltarán el chiste malo.
Y la verdad, tampoco veo la película con todo el agrado del mundo, porque sí, me gusta y está bien, pero nunca ha sido mi película de terror favorita. No despierta --y nunca lo ha hecho-- mi fascinación absoluta.
Un punto del que me alegro profundamente de haberme dado cuenta yo solito viendo cine, es la forma de apertura que tiene su estructura narrativa. La película declara sus intenciones con una jugada que me remite directamente a 'Pesadilla en Elm Street': un prólogo que me engaña, que presenta a un personaje que no será el verdadero protagonista --en este caso, la--, sino que es el detonante. Es literalmente el lenguaje cinematográfico diciéndome a la cara que es puro cine. Esa forma de descolocarme desde una primera secuencia para luego poder posicionarme en ese mismo eslabón inseguro en el que se encuentra el resto de personajes. Gracias a eso, comparto la misma duda: ¿quién es el asesino?
Claro, antes de ver 'Scream', vi 'Scary Movie', pero es que antes de ver 'Pesadilla en Elm Street' por primera vez, vi 'Scream'. Así que al ver cómo arranca todo tan rápido con la llamadita preparando palomitas, me digo a mí mismo que bebe mucho o que está realmente influenciada de la versión macabra de Manostijeras. Luego me fijo en quién se copió Craven. Por supuesto, del mismo Craven. Pensé, Craven, eres un genio. 'Scream' siempre ha sido más que una película de terror en sí misma, una crítica pura en esencia al género de terror, y no podía empezar mejor que remitiéndose a ese tipo de iniciación que tan bien funciona.
Es una conciencia que se vuelve más evidente cuando se tiene contexto --del que yo carecía--. La sorpresa desaparece porque ya conozco los acertijos, pero hay algo interesante que ocurre: la estructura se revela. Los hilos están desde el inicio, de forma visible, coherente y esperando a ser conectados. Como cuando uno ve 'Donnie Darko' por segunda vez.
No todo es tan bueno. Cuando uno de los personajes dice que todas las películas de terror son iguales, la frase deja de ser un simple diálogo para convertirse en una tesis. Esta película es un ensayo disfrazado de ficción. Una radiografía al slasher. Un manual sobre sus reglas, sus esquemas y sus trampas. Tampoco es un análisis demasiado profundo, pero sí lo suficientemente lúcida para señalar las costuras del género. Lo que me ocurre con todo ésto, es que esa voluntad por destripar el género no es del todo completa.
Cuando se cita el cine de terror, se queda en las grandes referencias, en lo evidente, en lo conocido. Y personalmente echo en falta una exploración mucho más amplia, incluso marginal, de todo lo que se disecciona. Porque entiendo que critique las grandes franquicias que consolidan uno de los géneros más vistos de la historia, pero también estaría bien que se mencionaran películas poco conocidas para así también conocer un poco más de títulos, y no quedarse únicamente en las más grandes. Bien es cierto que todo ésto me hace llegar a una conclusión: con ver una sola película de terror estereotípica, se ha visto la gran mayoría de películas, porque todas son iguales o parecidas, y eso es lo que se critica.
Y es contradictorio, pero una de las cosas que más me gustan de esta saga, es que para ser una crítica, cumple con todos los clichés que son expuestos. Por ejemplo, la sobreprotección al protagonista --en este caso, la--. Eso siempre me ha restado personalmente credibilidad y me mata por dentro. No puedo con ello. Por suerte, se compensa con un trío icónico que no se olvida: Campbell, Ulrich y Lillard. Diría que si no es el que más, es de los ejes más reconocibles del género. Campbell sostiene el miedo sin caer en la torpeza extrema, cosa que también explica razonablemente esa sobreprotección que tanto odio; Ulrich con esa ambigüedad necesaria; pero para mí Lillard es quien aporta esa energía distinta, casi desbordada, que evita que la película se hunda en el cliché más absoluto, aunque lo haga irremediablemente. Es una presencia a mi visión, breve, pero decisiva e intensa. Mi personaje favorito de toda la película.
Y no solo es la sobreprotección, porque también está la falsa fisicidad de las peleas cuerpo a cuerpo. La coreografía tan enmarcada y tan notable que rompe la ilusión. La duración de los enfrentamientos depende siempre más de la relevancia del personaje que de una lógica interna, y eso también me mata por dentro.
Pese a todo eso, 'Scream' sigue siendo algo más que una simple puesta en escena ficcional. En esencia, es una observación al esqueleto del terror y del slasher, género y subgénero que siempre me han fascinado, pero que por desgracia, tienen más malas películas que grandes aciertos. No es el análisis más profundo, pero sí funcional. Esa autocrítica se vuelve su verdadera identidad y se vuelve una contradicción, cosa que adoro.