El Niño Pez
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Elvis Del Valle
Elvis Del Valle

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3,5
Publicada el 29 de abril de 2026
Cuando Lucía Puenzo debutó como cineasta con XXY, consiguió hacer una película lo bastante convincente para que pudiera dedicarse al cine. En ese entonces también se había dedicado a la literatura escribiendo novela mientras ejercía como guionista en otros proyectos. Ahora con la relevancia que había ganado con XXY, Lucía aprovechó su nuevo estatus para llevar a la gran pantalla su primera novela. Cuando un autor decide adaptar su propia novela al cine debería ser garantía de que será una gran adaptación se mantenga fiel a la obra, pero en este caso no es muy así. El Niño Pez es una historia que se caracteriza por tocar temas tabú que en Argentina no eran apropiados y eran bastante censurables. El libro y la película ganaron fama por tocar temas que en ese entonces estaban limitados. La diferencia yace en la forma en que se contaron.

La característica principal de la novela es que el narrador de la historia es el perro Serafín. Todo es narrando a través de sus ojos y con un sentido del humor que puede llegar a desagradar. Como el narrador es un can, no tiene un concepto sobre lo bueno y lo malo. Los actos que los personajes cometen en su presencia no son juzgados y el perro los ve de forma natural. Aquí ya se nota la gran diferencia que tiene el libro con la película. Lucía cambió la narrativa haciendo que no haya un narrador. Serafín es retratado como un personaje secundario que hace muy poco. La directora prefirió darle a la historia el mismo tono serio y melodramático de XXY. Al no tener al narrador cínico de la novela, la película no tiene ese humor ácido y perturbador del manuscrito. Puede entenderse que Lucía hizo ese cambio debido a que el cine argentino aún tenía limitaciones, aunque hubo suficientes recursos tecnológicos para que la película no tuviera un aspecto cutre. El peor cambio que se hizo en esta adaptación es la estructura narrativa. La primera mitad de la película tiene bastantes saltos temporales que mezclan los momentos de Lala y La Guayi en Buenos Aires con los momentos de Lala en Paraguay. Esto es un gran inconveniente porque se hace difícil saber lo que sucede o en qué orden ocurren estos sucesos. Mencionar la fecha en cada uno de estos momentos hubiera sido adecuado para ordenar todo y dar a entender que hay flashbacks. Cualquiera que haya leído la novela podrá deducir el orden de estos eventos porque Serafín narra los sucesos de forma lineal y fluida. Pero en la película esto genera confusión para cualquier espectador y es solo tras el arresto de La Guayi que todo comienza a encajar y la película sigue en línea recta. Los saltos temporales fueron lo peor que se pudo hacer en esta adaptación. Otro defecto que hace falta mencionar es que las voces de los actores no son muy claras y mucho no se puede entender lo que dicen. Así que es conveniente ver la película con subtítulos.

El resto de la película al menos conservó algunos aspectos característicos de la novela, siendo el romance de Lala y La Guayi la más importante. Ambas chicas son de clases sociales muy diferentes con una relación que es tabú en todos los aspectos. El lesbianismo es el más evidente y la forma en que se muestra ya era un desafío para los estándares de la época. Claro que en la novela los actos sexuales tienen más presencia y en la película están limitados. El sexo solo se muestra de forma atmosférica por la tensión sexual entre las chicas y eso bastó para ser algo provocativo. Para la Argentina de esa época, esto tenía un aspecto controvertido porque la homosexualidad aún sufría de prejuicios. El matrimonio igualitario no se había legalizado hasta el año 2010. Un año después del estreno de la película. Otro aspecto tabú es que ambas chicas sean de países distintos. La xenofobia también es otro factor clave y es que los prejuicios hacia los inmigrantes de países limítrofes era fuerte. La Guayi es una inmigrante bastante vulnerable al ser de una clase baja que necesita su trabajo de mucama para subsistir y tiene que soportar la conducta de su patrón. En la película La Guayi y otros personajes paraguayos usan diálogos en guaraní que los actores supieron dominar con fluidez. Al ser un idioma ligado a uno de los pueblos nativos que habitó Latinoamérica en el pasado, hay énfasis en la idea de que La Guayi es vista con cierta inferioridad ante los ojos del Juez Bronte. En un momento él menciona que el canto de las mujeres de las tribus guaraní era usado para seducir a los españoles. Esto ya da una idea de la forma en que Bronte ve a su mucama. Mientras en la novela él es un escritor prestigioso con depresión y egoísmo, en la película es retratado como un juez ligado al sistema judicial. Este cambio se hizo para señalar que Argentina no estaba libre de hombres poderosos con un lado siniestro. También se modificó a la madre de Lala, aunque no es un personaje muy relevante. En la novela ella se marcha con un amante de la India mientras que en la película tiene un poco más de presencia.

La vida familiar de Lala no es para nada prometedora y por eso se compromete en ayudar a su amada con la promesa de huir juntas a Paraguay. Ellas serían sin duda las víctimas, aunque toman decisiones que desde una perspectiva moralista son cuestionables. Ambas acuerdan en robar pertenencias de Bronte para conseguir dinero. En un momento parece que Bronte lo sabe, pero no le da importancia. Al no soportar como La Guayi es tratada por su vulnerabilidad, Lala decide hacer algo que aclara el misterio que la película planteó al principio. Ahí entra en juego otro tema tabú que hace pensar que Lala no es una víctima y tampoco alguien inocente. Pero tanto la película como la novela desafían la moral del espectador. La obra en sí es bastante amoral porque lo bueno y lo malo no es algo importante y no existe tal cosa como la gente inocente. Así como Serafín en la novela narra todo sin juzgar, la película hace lo mismo con una cierta crudeza y neutralidad. Ver la película con ojos moralistas no tiene validez y la moral llega a ser un estorbo. Viendo como La Guayi era tratada, lo que Lala hizo estaba justificado. Claro que un sistema basado en leyes y una moral inválida no lo vería de ese modo y La Guayi es quien sufre las consecuencias. Existen otros temas tabú de la novela que entran a último momento y se podrían haber incorporado mejor de haber alargado el metraje. Casualmente, la casa frente al lago Ypoá donde planeaban huir es el viejo hogar de La Guayi donde más oscuros secretos salen a la luz. Se conoce a Sócrates, el padre de La Guayi que ha sido un exitoso actor y tiene un oscuro pasado con su hija. La película se centra más en él y descarta otros familiares de La Guayi como el hermano que forman parte del trauma de la joven. La novela es clara con el trauma que afectó a La Guayi, pero la película es más indirecta reservando la respuesta para dar una impactante sorpresa. El oscuro pasado de La Guayi está muy ligado a la leyenda del niño pez que le cuenta a Lala. No se trata de un simple cuento, sino de algo con un oscuro significado sobre el pasado de La Guayi que le ha dejado una cicatriz que solo Lala puede sanar. Hay hasta un nivel de misticismo cuando la película ofrece una secuencia submarina en la que aparece el niño pez. Es una escena con efectos digitales bien elaborados que realizaron con mucha prolijidad. Para terminar de completar el mensaje, la película ofrece unos momentos enfocados al tráfico humano que se usan más por un giro y se apuesta por una secuencia de rescate orientado a la acción. Diferente a lo contado en las últimas páginas de la novela, pero emocionantes para compensar el tiempo invertido en la adaptación. La película aún sigue manteniendo la idea de que Serafín ha sido el único personaje puro que no tenía la maldad y prejuicio de los hombres. Cosa que en la novela se siente más.

El Niño Pez es sin duda una película más ambiciosa y con muchos temas interesantes, pero tiene una compresión y defectos técnicos que la han limitado. Sería este otro ejemplo de la mediocridad del cine argentino, pero al menos intentó ser algo más. Su único fuerte es el haber tocado temas tabú con una crudeza que se siente en el ambiente y en la fotografía. El tono visual es sórdido y opresivo al punto de que consigue capturar el subdesarrollo del mundo latinoamericano. Aunque no tiene el mismo balance de realidad y fantasía como El Laberinto Del Fauno, tenía lo necesario para ser una película bastante buena. Lástima que eso no se consiguió por la mala ejecución con los saltos temporales y el haber metido a último momento algo que hubiera sido fascinante de mencionar más antes. No es la gran obra que tendría que haber sido y solo es recordada por haber expuesto cosas de la cruda realidad que ya no se podían ocultar. Mi calificación final para esta película es un 7/10.
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