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    Prometheus
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Prometheus

    La imposible creación

    por Gonzalo de Pedro
    Volver a Alien. Volver al universo perturbador, a los oscuros pasadizos de las naves perdidas en el espacio para encontrarnos con el origen de todo, con el big-bang primigenio. Ridley Scott retoma algo que de alguna manera seguía siendo suyo para remontarse en la historia y bucear el posible punto de partida de una de las sagas más aterradoras de la historia del cine. Y sin embargo... 'Prometheus' no es exactamente una precuela, y no es ni mucho menos un código con el que descifrar y entender lo que las películas posteriores no quisieron aclarar. Porque sí: 'Prometheus' cuenta la historia de una nave que viaja por el espacio en busca del origen de la vida humana para acabar encontrando el origen de ese icono contemporáneo del terror que es el humanoide de 'Alien'. Pero, probablemente para decepción de muchos, Scott no ofrece respuestas, sino todavía más preguntas, más incógnitas, más misterios sobre misterios. Y no le falta razón cuando decide esquivar el blanco sobre negro: una película sobre el misterio de la creación, sobre las preguntas esenciales de la vida no sería honesta si pretendiera ofrecer respuestas completas y definitivas. Más bien al contrario, 'Prometheus' es la constatación de que el misterio, cualquier misterio, esconde siempre más preguntas en su interior, y lo que parece el origen no es sino un peldaño más en un viaje sin final claro.

    Así, con la excusa científica, Scott construye un cuento sin moraleja sobre el misterio de la vida, y en primer término, sobre el misterio de la paternidad y los vínculos familiares. Todos los personajes de la película, o casi todos, desarrollan algún aspecto conflictivo del misterio de la vida humana: una científica que no puede tener hijos indagando el origen de la vida, una hija incapaz de superar la sombra de un padre empeñado en ser inmortal, contraviniendo la ley de la vida, un androide cínico que bordea lo humano pese a su empeño por cerrar los ojos ante los motivos de su creación. 'Prometheus', que no en vano lleva por título el nombre de aquel titán que robó el fuego a los dioses, símbolo del misterio y la creación, para dárselo a los hombres, es una fábula sobre el creador y su criatura, con inevitables ecos de Frankenstein, la mejor metáfora contemporánea sobre la ambición humana por conocer, y controlar, los misterios de la creación.

    Al igual que James Cameron en 'Avatar', Ridley Scott recurre al 3D, un 3D bellísimo por momentos, quizás uno de los mejores vistos nunca en pantalla, no como culminación del proyecto mimético del cine, que parecía alcanzar con la tecnología en tres dimensiones su etapa más avanzada en su imitación de la realidad, sino para crear un mundo cada vez más alejado del nuestro, una realidad paralela, y no una réplica de la nuestra. Cameron con 'Avatar', y ahora Scott con 'Prometheus' terminan por demostrar que si algún sentido tiene el 3D no es otro que el demostrar que el cine es, y lo será siempre, una dimensión paralela a la nuestra, una construcción ficticia incapaz de encontrar las respuestas a las preguntas que nos persiguen.

    Lo mejor: Un uso espectacular, y no especialmente epatante, de la tecnología en tres dimensiones. Y que no se preocupe por explicar nada, ni tan siquiera los personajes en exceso.

    Lo peor: La inevitable sensación de que Prometheus no es sino la primera de una nueva saga... y un nuevo negocio.
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