REVISADA JUNIO 2026
Ha pasado ya casi una década (!!!) desde el estreno de "It" (2017). Su arrollador éxito se entiende perfectamente: es un gran ejemplo de la fórmula de terror mainstream de la década de 2010 que tuvo como adalid a James Wan con sus Warren y su Insidious como franquicias estrella. Era un terror rápido, directo, sencillo y efectivo, con herramientas recurrentes como el jumpscare, el CGI y el chiste descompresivo. Un terror accesible, fácilmente digerible, entretenido y que gustaba a grandes y chicos por igual.
Por eso la película no solo funcionó, si no que supo colocarse enseguida en entre las grandes de su especie gracias a 3 puntos fuertes:
1. Un potente diseño de monstruo que ya forma parte de la cultura popular.
2. Un uso de la violencia y el gore innauditos para ese corte tan mainstream. La primera escena es toda una declaración de intenciones, y que la cinta fuese tan gráfica aún teniendo como víctimas a los niños, es todavía más potente y refrescante.
3. Un reparto que sostiene a las mil maravillas el peso dramático y cómico de la película. La gente suele alabar la elección de Skarsgård como Pennywise, pero, para mí, el verdadero acierto está en la elección de casting de los Perdedores (mención especial para Lillis, Grazer y Wolfhard, que se comen la pantalla).
En esta adaptación, Muschietti decidió prescindir de los continuos saltos temporales de la novela hipermusculado de King, para centrarse únicamente en la adolescencia de los protagonistas. De esta manera, nos ofrece un coming-of-age algo asfixiado por las exigencias en la duración de un largometraje (y aún así son 2h 15'), al que el formato serie le hubiese venido mucho mejor (estamos hablando de más de 1500 paginas de novela.
Cabe destacar el acierto pleno que el director tuvo al actualizar los miedos de los niños y, por ende, las transformaciones del payaso, en algo más acorde a los tiempos. El monstruo de Frankenstein o el hombre lobo perdieron hace mucho su efectividad, y los espectadores de esta nueva adaptación no iban a verlos (y temerlos) con los mismos ojos que los lectores de King en los años 80, o los protagonistas de la propia novela en la década de los 50.
La cinta es un ejercicio audaz, funcional y divertido que demuestra que el terror sin pretensiones es el más entretenido, logrando un gran equilibrio entre la notable adaptación literaria y la capaz película de género.