Me pareció una parida de peleas. No esperaba Shakespeare, claro, porque estamos hablando de Mortal Kombat, pero incluso aceptando que la película existe para dar golpes, soltar frases míticas y enseñar fatalities, me dejó la sensación de que se toma demasiado en serio algo que pedía más descaro, más humor y más sentido del espectáculo.
El arranque con Hanzo Hasashi y Bi-Han es seguramente lo mejor. Ahí sí hay una mínima emoción, una imagen clara de venganza y un peso visual que promete una película más potente de la que luego llega. Cada vez que aparecen Scorpion y Sub-Zero, el conjunto sube, porque son los personajes que tienen verdadera presencia mítica. La rivalidad entre ellos funciona mucho mejor que casi todo lo demás.
El problema es que la película decide meter a Cole Young como protagonista nuevo, y ahí pierde fuerza. Entiendo la idea de crear un personaje de entrada para el espectador, pero en una saga llena de luchadores reconocibles, elegir a un tipo tan gris para ordenar la historia es un error. No molesta de forma insoportable, pero tampoco aporta carisma. Está ahí, recibe golpes, descubre cosas y poco más.
La trama es un lío de entrenamiento, marcas, elegidos, mundos, amenazas y preparación de un torneo que ni siquiera llega a celebrarse como tal. Y eso es bastante frustrante. La película se pasa mucho tiempo anunciando Mortal Kombat, explicando Mortal Kombat, preparando Mortal Kombat, pero lo que realmente queremos ver es el torneo, los enfrentamientos y el juego convertido en cine sin tanta solemnidad.
Las peleas son lo que más justifica verla. Algunas están bien, hay momentos sangrientos con cierta gracia y los fatalities, cuando llegan, al menos recuerdan que la película sabe de dónde viene. No es acción elegante ni memorable, pero sí tiene golpes, miembros rotos, hielo, fuego y violencia bastante explícita para que los fans puedan reconocer algo del espíritu del videojuego.
Kano es, con diferencia, el personaje con más vida. Es vulgar, bocazas, idiota y pesado, pero precisamente por eso despierta la película cada vez que aparece. Mientras otros hablan como si estuvieran dentro de una profecía de cartón, él parece entender que esto también debería ser gamberro. La pena es que la película no se contagie más de esa energía.
Liu Kang, Kung Lao, Sonya Blade, Jax, Raiden y compañía aparecen más como piezas de franquicia que como personajes de verdad. Los reconoces, tienen sus poderes, sus poses y sus momentos, pero muchos se quedan planos. La película parece más preocupada por colocar nombres y habilidades que por hacer que te importen.
También me pesa mucho el tono. Mortal Kombat debería poder ser brutal y divertido a la vez, pero esta versión se queda en un punto raro: demasiado seria para ser un disparate gozoso y demasiado tonta para funcionar como fantasía oscura solemne. Ahí entiendo las críticas que dicen que le falta ingenio, carisma y un guion que no parezca solo una excusa entre combate y combate.
Visualmente tiene cosas resultonas, sobre todo con Sub-Zero, el hielo y ciertos planos de combate. Pero en general no me pareció especialmente imaginativa. Hay producción, hay sangre y hay criaturas, pero no una personalidad fuerte. A veces parece una serie B cara que no se atreve a abrazar del todo su condición de serie B.
La comparación con la película de 1995 es inevitable. Aquella era cutre, sí, pero tenía una canción, un ritmo de recreativa y una tontería simpática que la hacía más disfrutable. Esta quiere ser más adulta, más sangrienta y más seria, pero no siempre entiende que el placer de Mortal Kombat está precisamente en lo hortera, lo exagerado y lo descaradamente absurdo.
No la odié porque hay peleas, hay algunos momentos entretenidos y Scorpion contra Sub-Zero funciona. Pero me dejó bastante frío. Como adaptación tiene más sangre y más fidelidad superficial que otras versiones, pero como película se queda coja: demasiado origen, demasiada preparación, poca chispa y un protagonista muy flojo.
Al final, me queda como un producto pasable tirando a pobre, una parida de peleas que se puede ver si uno entra con nostalgia o ganas de fatalities, pero que no termina de explotar lo que tiene entre manos. Entretiene a ratos, aburre a ratos y se olvida rápido. Para mí necesitaba menos solemnidad, más torneo, más imaginación y bastante más mala leche divertida.