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    Los infieles
    Críticas
    2,0
    Pasable
    Los infieles

    Ligones de segunda

    por Paula Arantzazu Ruiz
    De transgresora, nada. De provocadora, menos. Si esas eran las pretendidas metas de 'Los infieles', la nueva película del recientemente oscarizado Jean Dujardin y compañía, lejos, muy lejos han quedado: una comedia suficiente con algún gag destacado. Pero no todo está perdido, porque si algo revela el largometraje es la verdadera cara del actor francés e ideólogo del asunto que nos ocupa: su faceta de ligón de segunda, su corazón hortera amante de la seducción de barra y los polvos rápidos. Todo un descubrimiento para quienes pensaran en el intérprete como un galán de mirada profunda y sonrisa de dentista.

    Por una parte, el valor coral del filme apenas se distingue. Pese a que los nombres implicados en el largometraje son diversos -Emmanuelle Bercot, Fred Cavayé, Michel Hazanavicius o Gilles Lellouche- y que el filme está estructurado en seis sketches, casi todos de tintes cómicos, la película parece estar construida como si de un solo guión se tratara, como un gran episodio de programa de varietés. Sin duda, es debido a que muchos de ellos son protagonizados por Dujardin y Lellouche, y que todos quieren representar una galería de masculinidades harta del matrimonio y en busca de la 'aventura' que les salve de su monotonía existencial. Para lograr ese retrato, confiesa Dujardin que se inspiró en la célebre 'Los monstruos', de Dino Rosi, pero su trazo detrás de la cámara –hay quien dirá que también delante- es demasiado tosco y las razones de sus protagonistas muy burdas o algo vergonzosas como para equipararse al clásico del enredo italiano.

    Visto lo visto, queda pues refugiarse en el retrato de la Francia que sueña con visitar la Torre Eiffel en Las Vegas que Dujardin pone en escena. No es la primera ni la más punk o sutil. Xavier Giannoli realizó un conmovedor perfil sobre el provincianismo galo en 'Chanson d'amour' –entre sus filas contaba a quien mejor encarna el arquetipo del francés grueso y tocho, Gerard Depardieu-, y tampoco cuesta encontrar rastros en éxitos recientes como 'Bienvenidos al norte' o 'La cena de los idiotas'. ¿Dónde está pues la aportación al género de Dujardin? En eliminar cualquier coartada narrativa para lanzarse al chiste verde y la risa facilona, al sketch de 'maricón el último'. Ahí es donde radica el interés de 'Los infieles', en su oda a los hoteles revestidos de skai y moqueta, a la bainleau de la pequeña burguesía y al Carrefour sabatino. Ahora se entiende porqué tanto revuelo cuando la película irrumpió en plena promoción de los Oscar. Hubiera significado el peor de los gatillazos imaginar que un supuesto galán como Dujardin prefiere unos huevos con chorizo que el mejor caviar del mundo.

    Lo mejor: que no esconde su trazo hortera y su corazón de skai

    Lo peor: el episodio de Dujardin junto a su esposa Alexandra Lamy, no es necesaria esa apariencia de profundidad.
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