REVISADA JUNIO 2026:
"IT: Capitulo 2" es una película lastrada por los aciertos de su primera parte.
Porque su director, Andy Muschietti, decidió que la primera parte de la biología se centraría exclusivamente en la infancia de los protagonistas, a diferencia de la narrativa a saltos de la novela original. Esto generó una trazabilidad cómoda, una fluidez argumental que permitía conectar más asiduamente con los Perdedores. Además, estos resultaron en un casting fenomenal. La simbiosis niños-payaso funcionaba bien, la ternura que provocaban permitía una perfecta cabida al terror, y la trama avanzaba a un ritmo estupendo.
Pero llegamos a la segunda parte.
El casting carece del encanto y frescura de la anterior (y eso que hicieron un trabajo asombroso eligiendo a Bill Hader como Richie y a James Ransone como Eddie, dobles exactos de Wolfhard y Grazer). La trama se estanca por momentos en valles abiertamente aburridos. También trata de desarrollar mejor a los adultos, tornándose a veces en una cinta de terror psicológico que no logra tener éxito, bien por falta de tiempo, bien por, simplemente, no conectar con el espectador. Se cambia el peso que la novela da a la amistad y sus vínculos (clave para enfrentarse al monstruo) en aras de un puñado de estúpidas decisiones por parte de sus personajes, solo para generar conflictos innecesarios que se suman a otros que aparecen y no aportan nada. Incluso el propio Pennywise se siente menos imponente y letal, y eso que el rito se siente algo estúpido y mal calzado.
Al menos el director sí que fue capaz de mantener ese tono violento y explícito. El momento de la cabeza-bicho, por ejemplo, es brutal y diferente. Y, si bien no siempre funciona, se nota que el director trató de aplicar personalidad a la cinta con bastante más humor y locura.
Pero no es suficiente para salvar el final de una saga que deja un pobre sabor de boca y que echará de menos la primera parte, más pequeña, mejor construida. Es difícil adaptar una obra tan extensa como está, pero hay que aplaudir el intento y disfrutarlo cuanto se pueda.