La motivación del "esfuérzate y llegarás lejos", me dura lo mismo que lo que dura la película.
Han pasado ya 40 años desde el estreno de 'Top Gun', esa película protagonizada por un Tom Cruise chulesco, burlón y romántico que se pasa media película sobrevolando los aires con una sonrisa de suficiencia. Nunca la había visto hasta ahora, aprovechando precisamente su 40º aniversario, y tengo claro que lo que más disfruto aquí no son los aviones ni los misiles: es el propio Cruise, cómo no.
Su Maverick es el típico tipo vacilón que desafía constantemente las normas, contestón a los demás con una seguridad aplastante y, por supuesto, tratando de conquista a la mujer que quiere. En la vida real seguramente sería una persona insoportable para muchos, alguien demasiado provocador y egocéntrico. Pero en pantalla ocurre justo lo contrario: cuanto más aparece, más ganas me dan de seguir viendo la película. Nunca se me agota la necesidad de verlo sonriendo, respondiendo con arrogancia o rompiendo las reglas de Top Gun como si estuviera por encima de todo.
Y aunque sería injusto ignorar al resto del reparto --porque Kelly McGillis tiene un rostro imposible de olvidar con esa melena rubia, y Anthony Edwards construye junto a Cruise una amistad realmente entrañable--, la realidad es que quien consigue que me interese por lo que ocurre en el aire es Cruise. Del resto podría prescindir bastante más fácilmente.
Lo curioso es que, para mi sorpresa, 'Top Gun' no me ha encantado. Tampoco me ha aburrido. Ha sido un entretenimiento muy suave, agradable, pero sin llegar a dejarme boquiabierto. Hay un par de momentos que sí consiguen despegar emocionalmente, aunque en general me he quedado con una sensación moderada. No es una decepción, ni mucho menos una mala película, pero quizá esperaba algo distinto. Y ni siquiera sé exactamente qué esperaba, porque al final esto va exactamente de lo que promete: aviones haciendo maniobras imposibles, misiles cruzando el cielo y un piloto demostrando de qué está hecho. Tal vez simplemente la historia no me ha terminado de atrapar tanto como imaginaba.
Lo que sí me gusta es esa mezcla entre acción aérea y sentimientos muy sencillos pero efectivos. No sé qué me deja más huella: si la escenas de los aviones surcando el cielo o el mensaje sobre amistad, hermandad, amor y superación personal. Cuando pienso en la película, se me vienen a la cabeza tanto los fotogramas de los F-14 como la amistad irrompible entre Maverick y Goose, o la relación romántica con Charlie. Y, de alguna manera, todo esto me recuerda a mis propios vínculos.
Uno de los mayores logros de Cruise, es el no quedarse simplificado en una idea --en la del piloto arrogante y temeroso--, sino que convierte en una persona al propio personaje. Una hazaña que no muchos actores logran, y que aquí es estupendo, por eso me fascina tanto.
Y 'Top Gun' no habla realmente de no rendirse. Habla de demostrar que eres el mejor, aunque tengas que romper algunas reglas por el camino. Pero lo interesante es que la propia película tampoco glorifica esa actitud. Maverick rompe normas constantemente y por ello recibe broncas, castigos y críticas. Se deja claro que no es una conducta admirable que todo el mundo deba copiar. Lo que ocurre es que, al mismo tiempo, también se reconoce que detrás de esa rebeldía existe un talento enorme. Sus superiores lo reprenden, pero también entienden el potencial que tiene, y por eso intentan moldearlo en vez de expulsarlo. Ahí es donde la película encuentra un equilibrio muy humano.
Esa idea conecta mucho conmigo. Siento esa motivación que se transmite, ese deseo de querer demostrar algo, de querer llegar lejos, de convertirme en alguien importante. Pero mi forma de ver la vida termina superponiéndose. Soy una persona bastante nihilista, pesimista a ratos y casi siempre demasiado realista. No tengo ni idea de dónde voy a estar dentro de cinco años, y aunque durante la película siento esa energía de "esfuérzate y llegarás lejos", en cuanto aparecen los créditos vuelvo otra vez a mis propias ideas y dudas. La motivación me dura lo mismo que lo que dura el metraje.
Y ojo, que este hombre no es lo único bueno, sino también la calidad de producción, porque para ser de los 80, esperaba algo más limitado y cutre. Investigando un poco leo que la Marina de los EEUU prestó aviones reales a la producción para el rodaje, incluyendo los F-14, y aunque los actores no pilotaban de verdad, sino los marines realmente, las expresiones faciales de las fuerzas G, sí que son verdaderas. Conociendo al protagonista, no sorprende saber que quería todo realista.
Eso me hace pensar en el amor tan artesanal que había antes por el cine, sin abusar de la pantalla verde, del CGI o efectos digitales tan poco reales. El cine de antes era mucho más físico, con más esfuerzo detrás y tiempo empleado. 'Top Gun' transmite justo eso.
Lo que sí me acaba cansando es la obsesión visual por los tonos naranjas de las horas doradas eternas. Y la banda sonora, aunque icónica, es repetitiva cuando se escucha más de una vez.
De todas formas, agradezco que aunque se mencionen siempre los modelos de aviones y los diálogos giren en torno a las misiones de la Marina, el vocabulario sigue siendo simple y accesible. No me pierdo nunca. Lo que sí afecta más es el ritmo: algunas escenas más lentas no terminan de estimularme demasiado y mi mente empieza a irse a otros sitios ajenos a la película.
Y en ese punto está la razón por la que recuerdo más a los aviones que a las personas. Cuando llegan las escenas sobre las alturas estoy completamente absorto en la pantalla. Estoy sentado hacia delante, apretando incluso la mandíbula; en cambio, durante los sentimentalismos, estoy recostado en la silla, con la cabeza inclinada esperando a que terminen de hablar.
'Top Gun' se recordará como un icono por sus reflexiones tan humanas, temas que tocan el corazón del público en general. Tampoco es para mí la mejor película que he visto, pero sí una con una personalidad muy clara, con energía y corazón suficiente.