La tenía medio vista y hoy terminé de encajar el puzle. No había visto los primeros cuarenta y cinco minutos, por eso al principio me sonaba todo sin estar seguro, y luego, cuando llegó el edificio, la madre poseída, el parking y la máquina del sótano, ya me volvió la memoria completa. Ahora sí puedo decir que la he visto entera.
Me parece bastante mejor que La momia de Lee Cronin, aunque confirma algo que ya me incomoda de su forma de entender el terror: le gusta muchísimo lo viscoso, lo corporal, lo repugnante. Aquí eso encaja más porque estamos en Evil Dead, una saga donde la posesión demoníaca, los ríos de sangre y la crueldad física forman parte del contrato. Aun así, para mi gusto hay momentos en los que se pasa.
La película funciona porque no intenta copiar la cabaña de Sam Raimi sin más. Cambiar el bosque por un edificio de apartamentos le da una identidad propia y convierte la familia en una trampa. El mal no llega a un grupo de jóvenes aislados en mitad de la nada, sino a una madre, sus hijos y una hermana que aparece en el peor momento posible. Eso le da un punto de terror doméstico bastante eficaz.
Alyssa Sutherland está muy bien como Ellie. Cuando la posesión empieza a devorarla, la película encuentra su imagen más potente: una madre convertida en amenaza para sus propios hijos. Eso sí tiene fuerza, porque pervierte algo muy básico. Lo que debería ser refugio se vuelve peligro, y cada vez que ella habla desde el otro lado de la puerta o mira con esa sonrisa torcida, la película consigue inquietar.
Lily Sullivan también funciona como Beth, y me gustó más de lo que esperaba. Al principio me sonaba de otra película, hasta que fuimos descartando Malevolent, Maléfico y Maligno, pero más allá del parecido con otras actrices, aguanta bien el papel. Beth no es una heroína perfecta; es alguien que llega cargada de dudas y termina obligada a convertirse en la adulta que los niños necesitan.
La frase de la sobrina me hizo gracia: “Algún día serás una gran madre, tía Beth... sabes mentir a los niños”. Es una buena línea porque entra con humor negro sin romper del todo la tensión. Ahí sí noto el espíritu Evil Dead: no solo sangre y gritos, sino mala leche, timing y esa risa incómoda que aparece cuando todo está ya absolutamente perdido.
El problema es que algunas escenas cruzan una línea que a mí cada vez me interesa menos. Lo del ojo mordido, arrancado y luego metido en la boca de otro personaje me pareció repugnante. No me dio miedo, me dio asco. Y esa es una diferencia importante. Puedo disfrutar el gore cuando tiene imaginación, ritmo o sentido lúdico, pero cuando la película se recrea tanto en lo viscoso, me saca.
También hay algo de exceso por exceso. Entiendo que en Evil Dead la brutalidad sea casi una obligación, y reconozco que Cronin sabe organizar el caos mejor aquí que en La momia. Pero a ratos vuelve a parecerme que piensa: “¿cómo puedo hacer esto todavía más desagradable?”. Y no siempre más desagradable significa más terrorífico. A veces solo significa más difícil de mirar.
El uso de las grabaciones antiguas me gustó porque conecta con la original. Aquella cinta del profesor que leía el Libro de los Muertos ya era parte esencial del mito, y aquí los discos de 1923 funcionan como variación. Además, a mí me activó el recuerdo de Psilicon Flesh y aquella canción homenaje, “The Evil Dead”, con los fragmentos de audio y el “Dead, Evil Dead...” repetido como mantra. Eso le dio un punto nostálgico inesperado.
El tramo final en el parking es bruto, muy físico y bastante memorable. La criatura compuesta, la maquinaria pesada y esa sensación de que todo acaba en un amasijo imposible de carne y metal tienen fuerza visual. No es elegante, ni falta que le hace. Ahí la película abraza su naturaleza de tren de la bruja sangriento y va hasta el final.
También me gusta cómo enlaza con los personajes del lago del principio. Ese prólogo parecía una pieza separada, casi un arranque de impacto, y al final encaja como parte del mismo ciclo de posesión. Es una forma sencilla pero eficaz de recordarte que el mal no se ha cerrado, que la historia puede repetirse y que en este universo siempre hay alguien lo bastante idiota como para reproducir lo que no debe.
Al final, la dejo en un 6. Está bien hecha dentro de lo suyo, tiene energía, buenas actrices, momentos de humor negro y algunas imágenes potentes. Pero también tiene demasiado gore para mi gusto y varias escenas que me producen más rechazo que miedo. Como entrega de Evil Dead funciona bastante mejor de lo que esperaba; como película de Lee Cronin me confirma que su obsesión por la víscera me cuesta. Salvaje, desagradable, efectiva a ratos y bastante superior a su momia, pero no una película que yo disfrute plenamente.